martes, 7 de noviembre de 2017

Literatura de Vampiros





La entrada del pasado día 28 del mes de Octubre donde reseñé las películas draculinas que se proyectaron en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, me removió el tema, la figura del Vampiro en la Literatura, referente sin el cuál no habría sido posible película alguna, al menos tal y como las conocemos.  Se me ocurrió buscar en mi biblioteca algunos títulos que tuvieran que ver ya sea con la figura vampírica por antonomasia, el Conde Drácula, o cualquier variante, sin olvidar por supuesto sus antecedentes.  Drácula, la novela original de Bram Stoker, aparecía en el año 1897 y supuso el gran canto de la Novela Gótica.  Su influencia en obras literarias posteriores fue inmensa, no sólo en lo referido al tema del vampirismo sino también en todo lo relacionado con el ambiente de la narración, la atmósfera, la estructura psicológica de los personajes.  Pero antes de Stoker ya se habían dibujado ambientes y atmósferas que él supo enriquecer, ampliar.  Leer a Joseph Sheridan Le Fanu es encontrarse con el precedente más claro que tiene la literatura de Bram Stoker.  El Arte es un constante devenir y nada aparece así como así: todo posee un precedente.  Si escuchas el adagietto de la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler estás escuchando el Adagio de la 7ª Sinfonía de su admirado Anton Bruckner, anterior a él.  Toda obra se puede rastrear sin que por ello desmerezca ni un ápice.  En la Literatura sucede lo mismo.  Por eso, tal vez, por poner cierto orden cronológico en la temática del vampirismo, podríamos comenzar citando a Augustin Calmet cuya obra Tratado sobre los Vampiros del año 1746 conocieron los autores relacionados con el periodo conocido como Literatura Gótica o Goticista.
Dom Antoine Augustin Calmet fue un monje benedictino francés nacido en 1672 y fallecido en 1757 como abad de Senones.  Destacado exégeta escribió dos grandes y voluminosas obras: una, Historia del Antiguo y Nuevo Testamento y de los judíos; la otra, El Mundo de los Fantasmas del año 1746 que incluye la conocida Tratado sobre los Vampiros.  Los capítulos tienen títulos tan sugerentes como Mujer sacada viva de la tumba, Los revinientes o vampiros de Moravia, Ejemplos de personas que se prometieron darse noticias del otro mundo después de la muerte, Razonamientos sobre los excomulgados que salen de las iglesias, etcétera.  Fue una obra elogiada, entre otros, por Voltaire y el padre Feijoo.  Y una lectura que no faltó en aquellos autores que se adentraban en la temática de los no-muertos.  La obra se editó hace tiempo traducida al español.  De aquella edición no recuerdo ni el traductor, ni el año de edición ni la editorial.  La tuve pero se la regalé a una amiga interesada en el tema ya que me compré la edición del año 2009 editada por Reino de Cordelia en su Colección Reino de Goneril, traducida por Lorenzo Martín del Burgo con Prólogo de Luis Alberto de Cuenca.




Ésta misma editorial, éste año 2017, reedita la misma obra con traducción de Lorenzo Martín del Burgo y con Prólogo de Luis Alberto de Cuenca pero con dos variantes: la primera, la ilustración de la cubierta (Dante y Virgilio en los Infiernos de William Bouguereau) más atractiva que la ilustración de la edición del año 2009; la segunda variante y además de importancia, que la obra se cierra con las Reflexiones Críticas del Padre Feijoo (Benito Jerónimo Feijoo), religioso benedictino, ensayista y polígrafo español (1676-1764), una de las figuras principales de la primera Ilustración española.





No pasó desapercibida ésta obra de Calmet para Johann Wolfgang von Goethe que en el año 1797 le entregaba al Mundo un poema de tema vampírico: La novia de Corinto.  Que Goethe dotara de las características de un vampiro a su protagonista femenina no se debe a la lectura de la obra de Calmet.  El Tratado sobre Vampiros le sirve como guía de las posibles cualidades de un no-muerto ya que la fuente de inspiración está en la obra De las cosas maravillosas, de Flegón de Trales, historiador griego del Siglo II de nuestra era.  En la obra, Goethe sitúa la acción en los primeros años del cristianismo, entre las antiguas religiones paganas y la pujante nueva religión.  Una historia de vampiros (vampira, en éste caso) en la antigua ciudad de Corinto, relacionada con San Pablo.





La primera vez que la figura de un vampiro adquiere un perfil, una forma de vestir, una indumentaria, la primera vez que se describe el color de su piel, sus maneras, su presencia/ausencia, esa creación mítica, esa codificación tuvo que ver con la pluma de John William Polidori, médico y escritor inglés, más conocido por su tortuosa relación con Lord Byron, de quien fue médico personal.
El origen de la narración El Vampiro tiene que ver con la reunión llevada a cabo en Ginebra, Suiza, en la Villa Diodati, alquilada por Lord Byron, y donde se encontraron John William Polidori, Percy Shelley, su futura esposa Mary Shelley (Mary Wollstonecraft Godwin de soltera), la hermanastra de ésta Claire Clarmont y por supuesto Lord Byron.  En la noche del día 16 al 17 de Junio de 1816, para distraerse, comenzaron a leer Fantasmagoriana, una antología francesa de historias de fantasmas alemanas que le gustaban especialmente a Polidori.  De esa lectura surgió un desafío:  que cada uno de los presentes escribiera una historia de terror.  De los cinco miembros que formaban la reunión tan sólo Mary Shelley y John William Polidori fueron capaces de darle forma al reto.  Mary Shelley dandole forma a su obra Frankenstein o el moderno PrometeoJohn William Polidori escribió Ernestus Berchtold o el moderno Edipo, marcadamente ensombrecido por la obra de Shelley, tanto que cambió el título por el de El Vampiro, cuya autoría se atribuyó durante años a Lord Byron por una serie de equivocaciones y mal entendidos.
Al final, la obra de Polidori, influida por el Tratado sobre los Vampiros de Calmet, vio la luz el 1 de Abril de 1819.  Pasaron años hasta que se determinó la autoría y el sentido último de la obra: más que de un vampiro que se alimenta de sangre humana, la obra de Polidori habla de un Vampiro de Energía, en éste caso un retrato donde el odio hacia Lord Byron le sirvió para hablar de esa otra forma de vampirismo, cualidades que él veía representadas en el mismísimo Byron.



     
   

Otro caso de vampirismo femenino lo ilustró Theóphile Gautier en su obra La Muerta Enamorada.  Se editó por primera vez el año de su creación en 1836, en la revista francesa Chronique de Paris.  Posteriormente aparecería formando parte del libro de narraciones de Gautier Una lágrima del diablo del año 1839.  La Muerta Enamorada es una obra influida por las lecturas que Gautier había hecho de su admirado Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.  Según un seguidor acérrimo de GautierCharles Baudelaire, "La Muerte Enamorada es su obra maestra".  Narrada en primera persona, La Muerta Enamorada nos presenta la historia de Romuald, un sacerdote que el día de su ordenación ve a una mujer de exuberante belleza, Clarimonde, que lo conmina a rechazar los votos por los que se vinculará a la Iglesia para unirse a ella como amante.  La edición que conozco es del año 1976, argentina, publicada por Torres Agüero Editor y traducida por Carlos Gardini.





Hablando de mujeres vampiras nos encontramos con Carmilla, del año 1872, debida a la pluma gótica y goticista de Joseph Sheridan Le Fanu.  Éste autor irlandés nacido en 1814 y fallecido en 1873, es el responsable de lo que serían las mejores atmósferas en narraciones de terror, evitando el sobresalto para afianzar las emociones perfiladas de terror y horror.  Carmilla es una narración breve originalmente incluida en la obra In a Glass Darkly, de la que bebió el director de Cine Carl Theodor Dreyer que en 1932 realizó la película Vampyr.
En España, Carmilla apareció en 1974 traducida por Ed. Acervo y editada por NOSTROMO.







Del gótico serio a una de las primeras manifestaciones cómicas del tema vampírico: La ciudad vampiro del año 1875 debida a la ingeniosa pluma de un autor francés llamado Paul FévalFéval nacía en Rennes, en 1817 y fallecía en París en 1887.  Trabajó como corrector de pruebas en una editorial.  Fue su extraordinario pulso para escribir narraciones folletinescas lo que le abrió las puertas de la autoría de obras como La ciudad vampiro que junto a la novela La vampira, de 1865, suponen un curioso antecedente del Conde Drácula de Stoker.
La ciudad vampiro está escrita con una agilidad y un sentido del humor que parece una obra moderna.  Personajes que se desdoblan en dos para poder mantener una conversación en momentos de profundo aburrimiento, personajes diabólicos que se vuelven elásticos para repeler cualquier ataque hostil...  Es una novela recomendable para cualquier persona que disfrute con la narración de una historia y es especialmente atractiva para los amantes de la literatura gótica.  Se editó en España en 1982, con traducción de Marta Pérez en la editorial Fontamara, Colección Alejandría-Serie Mandrágora.






"Un hombre alto, delgado, vestido de negro".  Es la definición por antonomasia de la figura del Conde Drácula creada por Bram Stoker en 1897.  Stoker escribió relatos y más novelas además de Drácula, pero sería precisamente ésta la que le reportara reconocimiento internacional.  Escritor de origen irlandés estudió profundamente tanto el tema del vampirismo como la historia de Hungría, Rumanía...  Para escribir Drácula se empapó de las historias y leyendas que se conocían del personaje real, el príncipe de Valaquia Vlad III, nacido como Vlad Draculea, más conocido como Vlad el Empalador, en rumano Vlad Tepes.  Para asentar en su imaginación la figura del personaje tal como lo concibió se basó en el físico de dos personas: una, el actor inglés de teatro Henry Irving; la otra, el compositor Franz Liszt.




El actor de teatro Henry Irving
  









El compositor Franz Liszt






























La novela Drácula de Bram Stoker se editó en España por primera vez a finales de la década de los 60 principios de los años 70 del Siglo pasado.  No recuerdo quién la tradujo, lo que sí me ha quedado en la memoria es que fue una traducción infame, malísima, que chirriaba constantemente, haciendo fatigosa la lectura de la novela.  Sí recuerdo la editorial que la sacó: Bruguera.  Con el paso del Tiempo se redimieron en la editorial y en 1981, Bruguera lanzaba una edición de bolsillo magníficamente traducida por Francisco Torres Oliver, uno de los mejores traductores españoles y un extraordinario especialista en Literatura Fantástica como demuestran tantas obras traducidas por él en diferentes editoriales: Siruela, Valdemar, Alianza por citar algunas.
De aquellos años entre finales de los 60 y principios de los 70 circuló una edición de Drácula bastante bien traducida por Mario Montalban en Ediciones Picazo, en 1972.  En la portada se especificaba que era la Versión Integra de la Novela.


























































Ya que hablamos de Bram Stoker el libro que se puede incluir a continuación es Algo en la sangre.  La biografía secreta de Bram Stoker, el hombre que escribió Drácula  de David J. Skal, escrito en 2016 y aparecido éste año 2017 en la editorial Es Pop Ediciones en su Colección Es Pop Ensayo bajo traducción de Óscar Palmer Yañez.  David J. Skal es uno de los principales estudiosos de la Cultura del Horror.  En su haber se encuentran obras como Monster Show editada por Valdemar en el año 2008, Tod Browning: el carnaval de las tinieblas, obra escrita junto a Elias Savada y editada por Filmoteca Española en 1996.  En 1997 fue coeditor con Nina Auerbach de una edición crítica de Dräcula publicada por Norton.  Algo en la sangre. La biografía secreta de Bram Stoker, el hombre que escribió Drácula apareció el pasado mes de Octubre, coincidiendo con la 50 Edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges, tal y como aparece reflejado en la contraportada del libro.  Es una biografía majestuosa, repleta de detalles, con ilustraciones y fotos que hacen imprescindible la lectura de éste libro para cualquier persona interesada en la temática draculina.
































































La reactivación del tema del vampirismo a finales del Siglo XX ha sido algo que ha recaído en creaciones debidas a mujeres.  A principios de los años 70 y desde finales de los 60, una autora norteamericana, Anne Rice, comenzó a escribir una serie de relatos de terror que tenían un mismo denominador común: el vampirismo.  A medida que el Tiempo fue avanzando, esos relatos se fueron interconectando hasta alcanzar una estructura que poseía todas las características de una novela.  La novela recibió el nombre de Confesiones de un Vampiro y adquiría una realidad clara en el año 1976.  Pero algo se insinuaba desde su trama, algo que mostraba el camino a desarrollar partiendo de esa primera historia y así comenzó a gestarse Lestat, el Vampiro y con él adquiría forma lo que se conocería como Crónicas Vampíricas, en principio una trilogía que daría pie a una tetralogía que a su vez dio pie a una serie de libros que se reúnen bajo el nombre general de Crónicas Vampíricas.
Aunque la autora consolida la idea en 1976, en España aparecería la trilogía en 1990 en la editorial Timun Mas, el primer volumen, Confesiones de un Vampiro con traducción de Marcelo Covian; el volumen 2, escrito en 1985, Lestat, el Vampiro, traducido por Hernán Sabaté y por último el volumen 3, escrito en 1988, La Reina de los Condenados traducido por Carles Llorach.
Por supuesto han seguido apareciendo volúmenes que alcanzan ya la cifra de 9 pero, tal vez, la esencia esté en esos tres primeros volúmenes que fue precisamente donde se inspiró el realizador irlandés Neil Jordan para realizar su adaptación cinematográfica de las Crónicas Vampíricas con el título Entrevista con el Vampiro, del año 1994, adaptación que Anne Rice rechazó de base al enterarse que la película iba a estar protagonizada por Tom Cruise y Brad Pitt, dos rostros "guaperas" de Hollywood que nunca jamás podrían encarnar a los personajes/vampiros de su obra.  Rice escribió un artículo desairado a la revista Time, criticando negativamente la labor de Jordan a la hora de escoger semejantes actores para la película.  Neil Jordan es un director de Cine que cuando adapta una obra literaria de un autor o autora que están vivos contacta inmediatamente con ellos para trabajar codo con codo con la persona responsable de la obra en cuestión.  Ya lo había hecho en 1984 con Angela Carter cuando adaptó tres relatos de ella, Licantropía, En compañía de lobos y Lobalicia, que son los que dieron lugar a la película En compañía de lobos.  Con Anne Rice, a pesar de sus intentos por contactar con ella para que trabajaran juntos en el guión de la película, le resultó casi imposible.  Casi, porque a raiz del artículo de la autora, por fin se encontraron y ella pudo saber que la adaptación que planteaba Jordan recogía extraordinariamente el espíritu de su novela.  Se convenció que no se trataba de una película para quinceañeras adolescentes por el hecho de que participaran del reparto Cruise y Pitt.  Y en definitiva, se desdijo de todo lo que había planteado en aquel artículo virulento que editó Time.  Ahora, en la misma publicación, aparecería otro artículo reconociendo que la película de Neil Jordan enriquecía su obra literaria.  Fíjate que, para mi, siempre valdrá mucho más un libro que la adaptación que se haga al Cine, sin embargo en éste caso me quedo más con la película que con el libro.  Me parece que el director sabe poner en imágenes muchas cosas que en la narración literaria se queda a medias por no estar suficientemente bien resuelto.
Neil Jordan no volvió a tocar las Crónicas Vampíricas de Anne Rice.  Tampoco hace falta.  Lo que hizo, bien hecho queda.
























































En 1979, la escritora y periodista británica Angela Carter re-escribía una serie de narraciones conocidas para dotarlas de un significante hasta el momento jamás ensayado.  Cuentos como Caperucita Roja o El Gato con Botas, Barba Azul forman parte del volumen titulado La Cámara Sangrienta y otros relatos, un libro que contiene una narración que, para mi, es una auténtica perla de brevedad y de tratamiento de la temática que nos traemos entre manos: el vampirismo.  La dama de la casa del amor es la historia de una vampira contada en tan sólo 10 páginas.  Diez, por lo menos, en la edición de 1991 que publicó Minotauro con traducción de Matilde Horne.  No sé qué extensión tendrá en las últimas ediciones que se han hecho de éste libro, como por ejemplo la realizada por la editorial Sexto Piso que, además de La Cámara Sangrienta, ha editado en éste año 2017 Quemar las naves: Los Cuentos Completos de Angela Carter, una magnífica noticia para los que nos enamoramos un día de la literatura de ésta escritora fallecida con tan sólo 51 años víctima de un cáncer de pulmón.



Angela Carter


































































El mismo año de referencia de la obra La Cámara Sangrienta de Angela Carter, 1979, también veía la luz una película: Nosferatu, vampiro de la noche, dirigida por Werner Herzog, readaptando la película mítica de Cine Mudo del año 1922 dirigida por F. W. Murnau.
En ese mismo año, 1979, partiendo del guión de la película de Herzog, guión escrito por él mismo, aparecía un libro: Nosferatu The Vampyre, obra escrita por el autor americano Paul Monette, poeta y activista homosexual fallecido en 1995 a la edad de 50 años y cuya obra está basada en el guión de la película.  Es decir, su obra es una re-interpretación de la novela Drácula de Bram Stoker.
Nosferatu The Vampyre la editó Picador el mismo año que se produjo la película: 1979.





Drácula, mito literario, Drácula como máximo exponente del Mundo de los Vampiros, Drácula y su rastro histórico...  Aparecieron artículos en prensa más o menos especializados, más o menos serios, aunque siempre en medios un tanto sensacionalistas que restaban cierta credibilidad a los argumentos que se esgrimían, hasta que un día se editó un libro muy serio: Conde Drácula, historia y leyenda de Vlad el Empalador.  La obra se debía a la pluma de Ralf-Peter Märtin, un joven historiador alemán que sabe articular una narración ágil y atractiva sobre la figura de Vlad Tepes.  Protagonista de la resistencia húngaro-rumana a la invasión otomana en el Siglo XV, Vlad Tepes reunió en su figura el mito y la leyenda y la realidad.  No soportaba la traición, ni la cobardía.  De los turcos aprendió la tortura conocida como empalamiento que consistía en tomar un tronco de árbol, despojarlo de sus ramas y protuberancias para obtener una estaca muy gruesa terminada en un extremo redondeado, nunca puntiagudo, porque de lo que se trataba era de que la estaca entrara en el cuerpo a través del ano pero no desgarrando el interior sino empujando, desviando los intestinos a medida que el cuerpo, alzado sobre sí mismo y por su propio peso, iba bajando.  Los empalamientos logrados eran aquellos en los que la estaca salía por la boca aunque no siempre era así: a veces la trayectoria se desviaba y rompía el tórax, o salía por una clavícula.  Se sabe que Vlad Tepes era terrible porque nunca se sabía a ciencia cierta por dónde podría salir o qué se le podría ocurrir.  Los empalamientos se llevaban a cabo con estacas de unos dos metros por lo que los cuerpos no quedaban emplazados muy altos.  Tepes se paseaba entre los torturados y uno de sus soldados se atrevió a indicarle que aquello era muy desagradable para un príncipe como su señor.  Sugirió que las estacas fueran más altas.  Y a Tepes le pareció una idea magnífica.  Para comprobarlo, mandó empalar al soldado que le había hecho la sugerencia.  Se cuenta que en una ocasión recibió en la Corte a un alto cargo musulmán que iba tocado con un turbante.  Tepes le ordenó que se descubriera en su prsencia y que por lo tanto se quitara el turbante.  El ínclito musulmán le aseguró que él no se lo quitaba ni delante de Alá.  A Tepes le pareció que aquel dignatario poseía un carácter sólido y formado, con una opinión férrea envidiable y mandó que le clavaran con alfileres el turbante a la cabeza.  El otro aguantó el martirio sin emitir la más mínima expresión de dolor y al cabo de dos o tres días, cuando la infección se manifestó en su rostro verdoso, falleció, cayendo de su caballo.
Vlad Tepes, al igual que el Príncipe Sebastián de Portugal peleando contra los árabes, desapareció un día en el campo de batalla luchando contra los turcos.  Nadie encontró su cadáver y eso contribuyó a que lo real se volviera mito y leyenda: su espíritu vengativo volvía durante la noche para llevarse con él el alma de los que le habían traicionado de una forma u de otra y que habían permanecido inmunes a su ley mientras vivió.  
La obra se escribió en 1980 y en España vio la luz en 1983, editada por  Tusquets Editores en su Colección Cuadernos Infimos, con traducción de Gustavo Dessal.







Vlad Tepes

No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso.  Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto.  Tenía una nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado, y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos ojos grandes, grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban un aspecto amenazador.  Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico.  Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre anchas espaldas una ensortijada melena negra.
(Descripción de Vlad Tepes por Nikolaus Modrussa, delegado papal en la Corte húngara)



Tras un estudio serio nos quedamos ahora con una comedia de vampiros debida al ingenio de Marc Behm.  Marc Behm fue un escritor norteamericano nacido en Trenton, New Jersey en 1925 y fallecido en Fort-Mahon-Plage, Francia, en el año 2007.  Novelista, guionista de cine y actor en series de televisión francesa, Behm dejó unas siete novelas escritas de las que las tres primera vieron la luz en España: La reina de la noche, 1977, editada por Ediciones Júcar-Colección Gran Etiqueta en 1989 y traducida por Jorge de LorbarLa mirada del observador, 1980, editada también por Ediciones Júcar pero en su Colección Etiqueta Negra en 1987, traducida por Beatriz Pottecher.  La tercera obra sería La doncella de hielo del año 1983, traducida por Jorge de Lorbar y publicada por Ediciones Júcar en su Colección Etiqueta Rota en 1988.  La doncella de hielo es una historia de vampiros resuelta con un extraordinario sentido del humor.  Vampiros aburridos de la eternidad, que cuando amanece esperan hasta el último momento para retirarse a la obscuridad de sus ataúdes, todo por tener una experiencia extrema como es sentir un poco la luz del sol que les da un cierto picor en la garganta, ellos, que por sus características, no se sorprenden con nada: fumar un porro de marihuana les da igual, no sienten nada en especial, necesitan situaciones más fuertes como ser capaces de metamorfosearse en algo más que un murciélago, en lobo por ejemplo.  Y la vida continúa desde ya no recuerdan cuándo. 
Como guionista de Cine Marc Behm estuvo en películas como The Return of Doctor Mabuse de Harald Reinl del año 1961; Charada de Stanley Donen de 1963; Help! de Richard Lester del año 1965 con The Beatles.  Estas y muchas más contaron con su labor como guionista, co-guionista o autor de la historia que se adaptaba.  Entre adaptaciones al Cine de su obra literaria está la que realizó Stephan Elliott en el año 1999 de la novela La mirada del observador, respetando el título de la obra, Eye of the beholder, traducida en España como Ojos que te acechan.





Hay obras de Literatura, de Música, de Cine, que pasan desapercibidas.  A veces es tal el caudal de información que es imposible abarcar toda la que nos llega.  De alguna forma es lo que sucedió con una novela titulada El tapiz del vampiro escrita en 1980 por la autora norteamericana Suzy McKee Charnas, Premio Nebula del año 1981 precisamente por dicha obra.  El tapiz del vampiro nos presenta a un vampiro original de un Tiempo lejano, adaptado al Siglo XX presentándose como un antropólogo, Edward Weyland, siendo en verdad un vampiro, un depredador que contempla todo lo que le rodea como un territorio de caza.  Desde el comienzo McKee Charnas sabe cómo atrapar al lector.  Por más disparatadas que puedan parecer las situaciones (un vampiro que asiste a sesiones de psicoanálisis) están perfectamente engarzadas en una narración de Literatura Fantástica con letras mayúsculas.  Aquí en España se editó en 1991 traducida por Albert Solé y publicada por la editorial Martínez Roca.























Suzy McKee Charnas





























































Y acercándonos al final de ésta semblanza literaria sobre el Conde Drácula y los vampiros quiero recuperar una obra curiosa, un ensayo debido a la buena pluma de Fernando Martínez Lainez, escritor, periodista que en el año 2001 se alzó con el Primer Premio de la cuarta edición del Premio Grandes Viajeros, convocado por Ediciones B y la compañía Iberia por su obra Tras los pasos de Drácula.  Las dos caras del diablo, publicada por Ediciones B ese año de 2001.
Tras los pasos de Drácula.  Las dos caras del diablo es un ensayo donde se profundiza en la figura de Vlad Tepes.

































































Mientras devuelvo los libros a su posición en la biblioteca de casa me encuentro con ésta Antología, publicada por Ediciones Obelisco.




Es una selección de 10 Historias de Vampiros, siete de ellas inéditas, y una nómina de autores como Manuel Vázquez Montalbán, Severo Sarduy, Manuel Quinto entre otros.  La edición es de 1986 y hay algo que me llama poderosamente la atención: no aparece ninguna escritora en la lista de autores.  Más me llama la atención porque como he indicado más arriba, la revitalización del tema vampírico a finales del Siglo XX se ha debido a mujeres: escritoras, actrices.  En Literatura han estado las aportaciones de Anne Rice, Angela CarterSuzy McKee Charnas; en Cine, de una forma más silenciosa, la actriz Winona Ryder fue la que movió el proyecto de la película de Francis Ford Coppola Drácula de Bram Stoker de 1992.  Parece ser que Ryder andaba estresada por el rodaje de una película y cayó en sus manos el guión de James V. Hart donde adaptaba la novela de Stoker desde un punto de vista no utilizado hasta el momento tanto por los aspectos históricos del comienzo como por el contenido altamente romántico.  Fue ella la que le pasó el guión a Coppola pidiéndole un favor: si se decidía a convertir el guión en película que le diera un papel porque la historia le había fascinado.
Así que han sido mujeres las que han retomado el tema no sólo del Conde Drácula sino también las historias de todas las criaturas vinculadas con la Vida de los No-Muertos, los Vampiros en general.
He obviado un producto como Crepúsculo, la obra río de Stephenie Meyer, porque está en otra onda.  No por ser seudo-vampiros valen.
Otro día hablaré de la Count Dracula Society a la cual pertenezco.  Por ahora ahí dejo material para leer.







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