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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Libros Oscuros


Fotograma de la película Fausto, de 1926,
dirigida por F.W. Murnau


La última entrada en el blog Lágrimas de Valium de este año 2025 lleva la etiqueta de Literatura, Libros, aunque no se trate de libros de lectura sugerida como es habitual cuando se utiliza la clasificación de Literatura, Libros recomendados...  No te tomo del brazo como a un amigo y te digo: Oye, lee esto que es magnífico.  Sí te aconsejo: ¡Cuidado!  Lectura tóxica.  Todo comienza en estos días festivos de Navidad, ordenando libros en las baldas de la biblioteca de casa, haciendo sitio para los próximos inquilinos que se supone vendrán la mañana del Día de Reyes, si sus majestades de Oriente tienen a bien cumplir con los deseos de la carta escrita como todos los años.  Y empujando  unos ejemplares, subiendo y bajando otros, me he encontrado con dos obras que me parecen curiosas por su rareza y, especialmente, por su alta toxicidad.  
Para quienes vivimos la España franquista sabemos cómo funcionaba la educación en los colegios y el ambiente doméstico y casero, caracterizado por un catolicismo rancio y profundo.  Por supuesto en casas donde imperaba el nacionalcatolicismo.  Pero, ya fuese por convicción, o porque había que disimular, las buenas formas estuvieron más que presentes porque, ser ateo en aquel entonces, era sinónimo de revolucionario comunista y eso ya sabemos qué consecuencias tenía.  Todo estaba impregnado de Dios y la sociedad era como si estuviera formada por sacerdotes y monjas pero sin vestir hábito alguno.  Las recomendaciones para disfrutar del ocio de la infancia y la juventud eran claras y precisas.  En el campo de las lecturas había una literatura de formación muy común en las bibliotecas familiares de España que llegaban también a Hispanoamérica.  Y en estos días, limpiando el polvo de los estantes superiores de la biblioteca de casa, reubicando libros, me he encontrado con dos perlas oscuras de aquellos tiempos, cuando era un adolescente de 14 años recién cumplidos y ante tantas preguntas, dudas y otros procesos lógicos relacionados con la existencia, los adultos de casa me aconsejaron que leyese El libro del joven, original del médico francés, Dr. Carnot.


                     


También estaba El libro de la joven, pero este estaba dirigido al mundo femenino así como El libro del joven estaba indicado para el mundo masculino.  Ya se sabe: los niños con los niños, las niñas con las niñas.



















Te preguntarás quién era este tal Doctor Carnot.  Su nombre real era Paul-Anselme Chanson (1885-1967).  Fue un escritor, conferenciante y ensayista francés especializado en temas de pedagogía, moral y orientación para la juventud.  No hay ninguna foto suya, tan solo una reseña de Edith Carnot, hija del médico y albacea de una obra literaria que comenzó allá por los años 40 y 50 del siglo pasado.  Ella habla poco de su padre y lo hace citándolo en tercera persona: él fue un afamado médico francés especializado en Ginecología y Urología que dejó escritos una serie de libros de carácter divulgativo-científico sobre el sexo y el amor.  El primero de los dos volúmenes fue el dedicado al mundo masculino, El libro del joven, publicado por primera vez en Francia en 1959 con el título Au service de l'amour.  Edition masculine.  En 1972 iba por la decimotercera edición y sería la decimocuarta, de 1974, la que se tradujera en España por Abel Ausus y se editara en Studium Ediciones.  ¿Y de qué trata?  El autor presenta una recomendación preliminar de la siguiente manera:
Redactado este libro para jóvenes en edad de ir al Servicio Militar, contiene explicaciones lo más precisas posible, sobre todo lo que concierne al amor en el orden fisiológico e incluso en el orden afectivo.  Era preferible ser completo, ya que, entre muchachos, se aborda cualquier tema.  Además, he pensado que el libro compuesto así podría prestar también auténticos servicios durante los primeros años de la vida conyugal.  A los muchachos más jóvenes que quisieran leer estas páginas, les aconsejo no hacerlo sin haber pedido consejo a sus padres.  El padre leerá el libro y juzgará si, por razón de las circunstancias, puede leerse con provecho.  O bien, encontrará, sin duda, preferible servirse de él como de guía para charlar con su hijo.
Para acabar la introducción, 
El autor recomienda no dejar este libro al alcance de los adolescentes que no tengan edad para leerlo con provecho.
A través de una serie de capítulos con títulos como Descripción y funcionamiento del aparato genital masculino (incluyendo esquemas, ilustraciones como se pueden encontrar en cualquier Enciclopedia o libro de Ciencias), El aparato genital femenino, etcétera, la obra tiene una meta y un sentido concreto: la vida matrimonial y la procreación.  Se reseñan los peligros de la libertad sexual, las posibles enfermedades venéreas, un insultante capítulo dedicado a la frigidez femenina y a sus posibles causas: rudeza del marido que abandona la ternura de los abrazos y besos cariñosos para actuar directamente según unos instintos egoístas; la infidelidad del marido que puede crear cierto recelo en la esposa predisponiéndola negativamente ante el acto sexual...
El libro de la joven, cuyo título original es Au service de l'amour.  Edition féminine, vio la luz en Francia en octubre de 1961.  Escrito con el aliento de Edith Carnot, la hija del doctor, supervisando la obra por encima del hombro de su padre, es la otra cara de la moneda de este díptico.  El libro del joven surge como sugerencia del hijo del autor: se encontraba haciendo el Servicio Militar y en uno de los permisos en el que vuelve al hogar, durante la comida, le sugiere al padre que escriba un libro hablando de las verdades absolutas sobre la sexualidad tal y como él, el doctor Carnot, había educado a sus hijos.  Que la ignorancia y el desconocimiento que ostentaban sus compañeros de milicias hacía necesario una obra de carácter científico pero pedagógico, que explicara los beneficios y maravillas de la vida matrimonial.  El padre le hizo caso pero despertó los celos de la hija que, al cabo de pocos años después y tras vivir obsesionada con la idea, consiguió que el progenitor hablase también de las jóvenes.  Se editó Au service de l'amour. Edition féminine en París, publicada por Editions Beaulieu en octubre de 1961 como está indicado más arriba.  En el mes de abril de 1968,  llegó a España, publicándose también en Studium Ediciones y también con traducción de Abel Ausus.  Como sucedió que tanto una obra como otra, la edición masculina y la edición femenina, tenían constantes correcciones que ampliaban conceptos, la edición española de El libro de la joven siguió las últimas revisiones realizadas en la última, por aquel entonces, reedición francesa del libro: la número 130.
Si El libro del joven comenzaba con el análisis pormenorizado del aparato genital masculino, tarjeta de presentación un tanto priápica, en el caso del Libro de la joven la introducción es más hollywoodiense: Para mejor comprender el amor.  ¡Oh, Roger!  L'amour, toujours l'amour...  Sí, sí, el Amor, porque la esencia del tratado científico sobre La Joven es contundente: la maternidad.  El capítulo titulado El desarrollo de la mujer lo deja claro:
La constitución física de la mujer -lo mismo que los dones morales y espirituales que emanan de su corazón, de su espíritu y de su alma-, la predisponen a la Maternidad.  Por tanto, está hecha FISICA y MORALMENTE para ser esposa y madre.  La Maternidad es el desarrollo normal de la mujer; al fundar una familia, la mujer realiza su destino, obedece a la llamada de la Naturaleza, se introduce en el camino de la felicidad.
Las mayúsculas no las pongo yo, vienen así tal cual las he transcrito del texto original.  El libro de la joven incluye también una guía, un panegírico sobre cómo escoger al novio apropiado que llegará a ser el marido justo y cabal.
Son obras profundamente influenciadas por la moral católica de la época, que buscaban equilibrar la formación del carácter con la educación biológica y espiritual.  Trataban temas que en aquel entonces eran tabú o difíciles de abordar en familia: la pubertad, el control de las emociones, la elección de carrera, el noviazgo y el sentido de la responsabilidad.  Fíjate que, en su momento, estos libros fueron innovadores porque intentaban hablar de tú a tú al adolescente, aunque hoy en día su lenguaje y sus consejos resultan excesivamente tradicionales y conservadores.  En la España de aquellos años sesenta los dos libros se vendieron como auténticos best-sellers aunque no quedara reflejado en ninguna estadística en prensa alguna.  Eran obras promocionadas en colegios de dirección religiosa y en algunos círculos tipo Grupos de Catecumenado y asociaciones de perfil católico dirigidas por un adulto que solían (y aún hoy en día siguen) haciendo propuestas de reflexión y meditación como: ¿Qué pide Jesús de mí?
De aquellos tiempos oscuros datan también otras dos obras literarias de recuerdo atroz: Amor. Diario de Daniel y Amar. Diario de Ana María, ambas del autor francés Michel Quoist.


Michel Quoist nació en Le Havre en 1921 y fallecía en 1997.  A los 18 años entró en el Seminario para ordenarse sacerdote en 1947.  Fue Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por el Instituto Católico de París.  Creo que fue el único aspecto laico en su vida profesional, el nombre de la carrera universitaria con la que se doctoró, porque por lo demás su relación con el Estado Vaticano fue de entrega absoluta: coadjutor, consiliario de múltiples movimientos de Acción Católica, párroco, secretario general del comité episcopal francés para América Latina, responsable del servicio de vocaciones de la diócesis de Le Havre...  Fue también escritor, autor de dos libros de repercusión internacional, esos dos diarios (uno masculino, otro femenino) citados más arriba.  Fueron lecturas sugeridas y promocionadas como la lectura de los dos libros del Doctor Carnot, y al igual que aquellas, lecturas recomendadas tanto para ellos como para ellas, es decir, que una chica podía leer el libro dirigido a los jóvenes y un joven podía leer el que estaba dirigido a las chicas.  Más que podían: debían hacerlo.
Quoist publicó en 1956 Amor. Diario de Daniel, que sorprendió a la sociedad y cuyas ventas consiguieron que el libro se tradujera a diferentes idiomas.  En España recaló unos años después, allá por 1960, y se convirtió en uno de esos libros que, por su contenido, fueron divulgados en círculos familiares, amistades allegadas de la familia y núcleos de Acción Católica, como no podía ser menos, ya que la obra se prestaba al encomio de cualquier persona católica y bien intencionada.  El contenido es la historia de un muchacho cualquiera bajo unas circunstancias concretas: la falta de un padre o de un hermano mayor que actúe como referente para que ayude eficazmente en su formación.  Así la obra explica o muestra los diferentes problemas de los jóvenes en general y de los jóvenes de hoy en particular (de aquel final de los años 50 y principios de los 60) pero con una proyección en el futuro porque, los temas tratados, son comunes a cualquier época: relaciones con los padres, problemas sexuales, educación sentimental, educación del altruismo, descubrimiento del prójimo, del mundo y de sus problemas, amistades, estudios, porvenir, vida religiosa... 


Dentro de la unidad de vida es donde el hombre entero se desarrolla.  La doble acción de los compañeros y del sacerdote (figura del pedagogo) por una parte y la dualidad acción y entrega en favor de los demás son factores sobre los que se va a desarrollar la evolución de Daniel.  Sobre todo esa entrega a los demás, al prójimo, porque a través de ella el joven se libera de sí mismo y permite que Dios se introduzca en su vida y se le revele.

Dar. Diario de Ana María, lo publicó Quoist en 1962 y en España tardó tan sólo un año en ser editado por Herder.  No poseo los ejemplares de uno y otro libro pero sí las anotaciones (editorial, edición...) que hice cuando los leí y según dichas notas la traducción corría a cargo de Ramón María Sans Vila.

El Diario de Ana María cuenta la vida de una adolescente en camino hacia la juventud: de carácter altamente emocional, Ana María entregará a su Diario reflexiones sobre la amistad con otras chicas, los trastornos físicos y psicológicos derivados del proceso de la menstruación, el cansancio y aburrimiento de su propia sensibilidad, la estructuración de un camino que conduce al esfuerzo por alcanzar el verdadero Amor. 
Entre aquellas lecturas que hice con 14 años se encontraban estas dos obras más las dos anteriores, las del Doctor Carnot.  Quedaba un obstáculo más que saltar y fue el libro La vida sale al encuentro de José Luis Martín Vigil (1919-2011.

José Luis Martín Vigil fue sacerdote y escritor español.  Perteneció a la Compañía de Jesús desde 1948 a 1958 y continuó ejerciendo el sacerdocio hasta finales de los años 1960.  
Martín Vigil fue afín al régimen franquista tanto que, en la Guerra Civil, luchó en las filas del bando sublevado.  Su producción literaria fue pródiga en narrativa, y cultivó, aunque menos, el ensayo.  Escribió novelas desde 1955 hasta 1994 de las cuales la primera, La vida sale al encuentro, escrita y publicada en 1955, tuvo una repercusión considerable en el cono Sur de América, sobre todo en México.

La novela cuenta 
la historia de un adolescente, su vida, sus amigos, su lucha desesperada por mantenerse puro y virgen... Recuerdo con horror la descripción de cinco o seis páginas donde, el protagonista, tiene que luchar con sus instintos más bajos porque le ha prestado un libro de Geografía a un compañero y este se lo devuelve envenenado: entre sus páginas encuentra un calendario de bolsillo ilustrado con una foto pornográfica.  El protagonista se queda hechizado por lo que muestra la foto, no puede dejar de pensar en lo que ha visto, vuelve una y otra vez a mirar, con lujuria galopante, lo que ha descubierto: en la foto (recuerda, pornográfica), se ve a una modelo vestida tan solo con un bikini mínimo, extraordinariamente sensual, provocativo y erótico.  Lo mira una vez, una, y ya no puede dormir, ni pensar, ni nada de nada, porque la tumefacción de su miembro, de su apéndice masculino, amenaza con explotar, tal es la erección que tiene.  Irremediablemente, sudoroso y con temblores, abre las páginas del libro donde se esconde la ínclita ocasión de pecar.  Y sí, cae en la tentación, y sí, comete el terrible Pecado de Onán: se masturba.  ¡Horror de horrores!  ¡Lo que ha hecho!  No descansa hasta desahogarse a través de la confesión con un sacerdote.
Martín Vigil, después de esta obra de presentación, escribió novelas ambientadas en la Guerra Civil como Muerte a los curas, Los curas comunistas, por citar algunas obras con esa temática.
En 1976 fue denunciado por pederastia pero la denuncia no prosperó.  La Compañía de Jesús, en el marco de una investigación interna, reveló en 2023 que tuvo dos denuncias de abuso de menores contra Martín Vigil entre 1957 y 1958 mientras estaba en Salamanca, obligándole a dejar la orden, aunque no fue denunciado a las autoridades.  Se trasladó entonces a la diócesis de Oviedo donde siguió ejerciendo el sacerdocio durante una década.  Allí fue denunciado por otros dos casos que llevaron a que el entonces obispo, Vicente Enrique y Tarancón, le echara de la diócesis a mediados de la década de 1960.  
Volviendo al principio, se podría pensar que, tanto El Libro del Joven como El Libro de la Joven, son perlas oscuras que ya no se encuentran si no es en el mercado de libros de segunda mano.  Pues no, son dos obras que se siguen reeditando, que van ya por un número de reedición desorbitado (edición número 300 y pico) y se siguen vendiendo.  Si consultas los catálogos de librerías on line de Internet, las secciones de libros de algunas macro tiendas, plataformas de la Red, te encontrarás con ellas.  Porque aún hay público para eso y máxime en estos tiempos que nos han tocado vivir donde el pensamiento extremo, las doctrinas ultra-conservadoras y otros espectros siniestros, reciben, promueven y exaltan, contenidos así, iluminados por la intransigencia más absoluta.  A veces, cuando leo los periódicos, veo los informativos de televisión o escucho los boletines de la radio, me da la sensación de que el Mundo se ha vuelto una película de Bud Spencer de bajo presupuesto, con malos perversos que únicamente se pueden vencer a sopapo limpio, como pasaba en las películas del titánico héroe.  Se podría decir aquello que cantaba el grupo Asfalto: Ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno.
Ven Capitán Trueno que el mundo está al revés.  
Termina esta entrada sobre libros oscuros con una obra de Antonio Garmendia de Otaola titulada Lecturas buenas y malas a la luz del dogma y de la moral


     
Antonio Garmendia de Otaola, sacerdote jesuíta, nacía en Beasain, Guipúzcoa, en 1905, y fallecía en Bilbao en 1971.  Este colérico autor la emprendió con dos manifestaciones del Arte: la literatura y el cine.  Fue una especie de brazo alargado de aquel siniestro Índice de Libros Prohibidos creado por el Estado Vaticano en 1559 con el Papa Paulo IV sentado en el trono papal.  Esa fue la fecha oficial del nacimiento del Índice aunque había tenido un precedente entre 1551 y 1554, cuando la Inquisición española, bajo el mando de Fernando de Valdés y Salas y la Universidad de Lovaina, redactaron sus propios catálogos de libros prohibidos antes de que el Vaticano publicara la lista universal.  Sin embargo, debido a que el criterio de Paulo IV fue considerado demasiado severo, tras la fecha de clausura del Concilio de Trento en diciembre de 1563, el Papa Pío IV publicó una versión revisada en la que aparecen las 10 Reglas que regirían la censura de libros durante los siglos siguientes.  
El Índice de Libros Prohibidos fue oficialmente suprimido por el Papa Pablo VI el 14 de junio de 1966, tras la clausura del Concilio Vaticano II.  Con esta decisión, se eliminaron las censuras y sanciones (como la excomunión) que recaían sobre quienes leyeran los libros incluidos en la lista.  Pero eso fue en 1966 y la obra Lecturas buenas y malas a la luz del dogma y de la moral, de Antonio Garmendia de Otaola, data de 1955.  Aún quedaba tiempo si no para quemar a alguien, sí para inducir a las tinieblas del alma con argumentos elocuentes a quien se atreviera a adentrarse en las páginas de los libros escritos, por ejemplo, de André Gide, del que recordaba que toda su obra aparece condenada en el Índice.  Garmendia de Otaola, sobre todo, confirma el Índice de Libros Prohibidos y mete los dedos en la literatura de carácter popular (persigue las novelas policíacas por su mal ambiente, capaz de mal criar a los lectores más jóvenes).  Su legado quedó recogido, sobre todo, en el tono de censor que mantuvo con respecto al Cine, guiones y filosofía de realizadores habitualmente extranjeros.  Es fácil de encontrar en el mercado de segunda mano copias, y a buen precio, de este Lecturas buenas y malas a la luz del dogma y de la moral, un libro para ojear buscando algún autor conocido, para saber cómo fue catalogado por este artífice de la censura.
En otra ocasión hablaremos del ínclito Índice de Libros Prohibidos, desmenuzaremos con más detalle todo el proceso de su creación y desarrollo.  Por hoy lo dejamos aquí.
Feliz Salida del año 2025 y más Feliz Entrada del nuevo 2026.  Para el nuevo año deseo a todos los que estáis ahí a ese otro lado, Salud y poder seguir ejerciendo la Libertad.
Hasta el año que viene.


domingo, 29 de junio de 2025

Diego A. Manrique

 


Diego A. Manrique (Foto de Christian González)


La recomendación de lectura que traemos hoy al blog es el libro El mejor oficio del mundo, firmado por el periodista musical Diego A. Manrique, que ha trabajado en prensa escrita, televisión y sobre todo en radio.  Sigue activo, aunque en el caso de la radio no realiza actualmente ningún espacio, cosa que, como comentaba hace poco en una entrevista en TVE, echa de menos.
  

El mejor oficio del mundo está estructurado en siete bloques titulados Estrellas lejanas y cercanas, Un oficio raro, Por las Américas, En el dial, Cuando había programas musicales en televisión, El vicio secreto y Cartas marcadas.  Esos siete capítulos se diversifican, cada uno, en 45 crónicas que han ido apareciendo durante los últimos 10 años en las páginas de Cuadernos Efe Eme, la publicación trimestral editada por Efe Eme, con formato de libro-revista dedicada a la historia y cultura musical, no a las turbulencias de las novedades musicales.  Esas crónicas revisitadas, pulidas para la ocasión, donde habla de aspectos relacionados con la música y sus intérpretes, sobre programación especializada tanto en radio como en televisión, las áreas personales de algunas figuras del mundo de la música, todo eso y más es el contenido de este libro escrito con ese estilo y formas de expresión que han caracterizado la labor de Diego A. Manrique.  No tiene pelos en la lengua para hablar claro y conciso de quien sea o lo que sea, pero siempre dejando un perfil de respeto.  Recuerdo que, John Lydon, el Terrible, hablando del Pop, del Rock, ha dejado opiniones repletas de aristas como cuando afirmó que, David Bowie, a la hora de cantar, lo único que había hecho era robar el tono dramático, operístico, de Peter Hammill.  La audiencia más fundamentalista se rasgó las vestiduras.  Diego acepta el devenir de la música y el Duque Blanco bebió de aquí y de allá para construir su universo.  Pero cuando habla de Bowie no deja de reconocer cómo recogió ideas de aquí y de allá y al Duque lo denomina "la urraca Bowie", que me parece un calificativo excepcional, por todo lo que sintetiza.  
La figura de Diego A. Manrique resulta entrañable para tantos y tantas que venimos de la era analógica y que hemos seguido sus diferentes intervenciones en los medios en los que ha participado.  En mi caso, lo primero que conocí de Diego fueron sus crónicas en aquella publicación de tan querido recuerdo: Disco Exprés, allá por 1970/71.  Después llegarían los tiempos de Radio 3, su programa Aeropuerto Internacional que empezaba con el tema "John Barry" de The Godfathers como sintonía.  Más tarde sería El Ambigú, y continuarían sus crónicas sobre música, disecciones de discos, siempre sin pelos en la lengua pero con un tacto extraordinario para llamar a las cosas por su nombre.  Ahora, después de 12 años sin publicar un libro (su producción en este formato es amplia) aparece esta obra editada por Efe Eme con una ilustración en la portada debida a Mauro Entrialgo.
Sin lugar a dudas, una lectura recomendable en cualquier momento y lugar.  De verdad, merece la pena.



martes, 17 de junio de 2025

Laurence Tolhurst


Laurence Tolhurst (Foto de Tolhurst1)


El nombre completo del hombre de la foto de cabecera es Laurence Andrew Tolhurst, pero es conocido como Lol Tolhurst.  Nació en el año 1959, en Horley, Surrey, Reino Unido.  Junto a Robert Smith y Michael Dempsey, fundó la banda The Cure, tocando la batería, los teclados y componiendo.  Su función como batería fue notable pero desde finales de 1982 sustituyó los platos y los tambores por los teclados, donde dejó igualmente su buen hacer.  Formó parte del proyecto desde su fundación en 1978 hasta 1989.  Tolhurst adquirió una conducta de riesgo que venía marcada por su adicción al alcohol, que le impidió trabajar en ensayos y en sesiones de grabación, o a la hora de salir a escena en algún concierto, con la consiguiente urgencia para encontrar a un sustituto en el último momento.  Eso fue lo que determinó su salida de The Cure.  El tiempo de rehabilitación de sus adicciones y los aspectos relacionados con los derechos de autor del tiempo pasado en The Cure (pago de regalías por parte del sello discográfico, la coparticipación en la creación del proyecto de la banda) desembocó a mediados, casi finales de los años 90.  Siguió en el mundo de la música junto a su mujer, Cindy Levinson, y entró al siglo XXI con el proyecto Levinhurst que llevan, hasta el momento, tres álbumes publicados en 2004, 2006 y 2009.
Pero el motivo por el que viene hoy a este blog no es por su labor como músico, sino como escritor.
Lo primero que publicó, en 2016, fue Cured, una biografía de The Cure.  Pero vamos a recorrer el camino a la inversa, comenzando por su segundo libro editado, Gótico.  Una historia, de 2023.



A pesar del subtítulo, Gótico no es una sucesión cronológica de fechas y datos, acontecimientos relacionados con el movimiento bautizado con dicho nombre.  Es un análisis desde dentro por parte de alguien que estuvo en el devenir de las circunstancias que fueron haciendo posible la primavera de una estética que tuvo sus madrinas y padrinos, que florecieron y se multiplicaron, y desarrollaron las bases del género.  Él, como miembro fundador de The Cure, puede hablar con conocimiento de causa de otros grupos coetáneos (Siouxsie And The Banshees, Bauhaus, Joy Division), y cómo, dónde se originaron puntos neurálgicos desde los que se extendieron hacia otros proyectos.  Habla no sólo de sus recuerdos, también de los de otros músicos que estuvieron en los orígenes o como parte del desarrollo.  
Pero Gótico no habla sólo de Música.  Tolhurst, con pulso equilibrado, escribiendo de forma atractiva, también resalta el perfil goticista en el cine, la televisión, las artes visuales y las redes sociales.  
Su lectura me ha recordado otro libro referido a lo gótico y que tiene una entrada aquí en  el blog, me refiero a Temporada de brujas: El libro del Rock Gótico, de Cathi Unsworth (entrada del 24 de marzo de este año 2025).  El libro de Unsworth es una crónica amplia de lo gótico visto desde fuera, con profundidad.  La obra de Tolhurst está escrita desde dentro.  Se complementan perfectamente.
Gótico.  Una historia la publicó NeoPerson Sounds en 2024, con traducción de Ainhoa Segura Alcalde.
Conectando con el pasado del autor recuperamos ahora su obra anterior, Cured, sobre la alquimia que unió a tres muchachos imaginarios bajo el nombre The Cure.


No fue recibido excesivamente bien esta biografía-historia, sin embargo sirve para conocer parte de un proyecto.  Parte porque es la versión del autor, capaz de ver dónde metió la pata y dónde participaron todos de momentos y hechos luminosos.  Su segundo libro es un buen complemento a esta obra primeriza.  Lo editó en 2018, Malpaso Ediciones, con traducción de Jordi Amor.  Personalmente, en la actualidad, prefiero a Lol Tolhurst como escritor que como músico, su proyecto Levinhurst, en mi opinión, no llega a cuajar.  Sus libros resultan más diversos en los resultados.



lunes, 24 de marzo de 2025

Cathi Unsworth

 


Cathi Unsworth

El nombre y apellido de Cathi Unsworth está relacionado con una doble actividad literaria: es periodista y escritora.  Nacida en Inglaterra, en Great Yarmouth en 1968, comenzó su labor como redactora musical con 19 años, colaborando en publicaciones como Sounds.  Después llegarían las crónicas en Melody Maker, Wire, ampliando su campo de acción no sólo en revistas especializadas en Música, también en diarios como The Guardian o Financial Times.

Son años de actividad eminentemente periodística, años de crónicas y entrevistas donde va formando su perfil de autora de ensayos posteriores.  Como autora de ficción Unsworth estará influida por dos autores ingleses que se consideran los creadores de la Novela Negra británica: Derek Raymond (1931-1994) y Ted Lewis (1940-1982).  Comienza en pleno siglo XXI (2005 en adelante) a publicar novelas con un perfil de misterio, ambiente Noir.  De su producción narrativa tan solo hay una obra traducida al español, la novela Weirdo, traducida como Bicho raro, del año 2012.  La sugerencia de lectura que hoy aparece en el blog es un ensayo sobre una época, una etapa de la Historia del Rock, un libro que es un faro en la costa de las tormentas si quieres saber el cómo, el cuándo y el por qué de lo que conocemos como Rock Gótico.  Esto es lo que se conoce como una obra de referencia:




Temporada de brujas: El libro del Rock Gótico, de Cathi Unsworth, se publicó en Inglaterra en 2023 y aparecía en España en el mes de marzo de 2024 en la editorial Contra con traducción de Héctor Castells.  El prólogo corre a cargo de una figura fundamental en el pabellón del Rock Gótico español, Ana Curra, que aporta una opinión refrendada por su presencia en ese panorama: cuenta cosas porque estuvo allí, participando como espectadora, si era como asistente a un concierto, o como protagonista, si era ella la que estaba en el escenario de la acción ya sea como parte de Parálisis Permanente, Los Seres Vacíos o Alaska y Los Pegamoides.

Temporada de brujas: El libro del Rock Gótico, a lo largo de casi 600 páginas, te transmite con agilidad el devenir de esa parte de la Historia de la Música del siglo XX.  Quien te lo cuenta te transmite el calor de haber participado en las turbulencias creativas de una época porque estuvo allí, habló con los protagonistas, los vio, los escucho en directo.  Y todo con un montón de fotos, cómo no, en blanco y negro, pero ilustrativas.  Se lee con interés porque es muy interesante el planteamiento y Cathi Unsworth sabe hacerlo de forma atractiva.  Te seduce con la palabra, con lo que cuenta y cómo lo cuenta.  No se me ocurren unas palabras más sabias para sugerirte que leas este libro sino las de Ana Curra cuando afirma que

Cathi Unsworth disecciona y entreteje con ojos alquímicos una inspirada y laberíntica tela de araña, y pone en contexto planos sociopolíticos, geográficos y culturales para erigir a los hijos del ángel caído y rendir tributo con esta carta de amor a todos sus protagonistas



miércoles, 28 de agosto de 2024

José Antonio Moreno Jurado

 


José Antonio Moreno Jurado,
Doctor Honoris Causa por la Universidad de Corfú, Grecia

El pasado día 13 de junio, jueves, la Universidad de Corfú, en Grecia, le concedía el título de Doctor Honoris Causa a José Antonio Moreno Jurado por su labor de difusión de la cultura helénica.  La fecha tiene un doble significado porque el nombramiento llegaba el mismo día de su aniversario: cumplió 78 años sobre este arrugado y hermoso planeta.  José Antonio nacía en Sevilla en 1946.  Se doctoró en Filología Clásica con la tesis Reminiscencia clásica en la obra de Giorgos Seferis.  Antes había preparado una tesis de posgrado sobre la obra de Odysseas Elytis, que fue el primer estudio sobre Literatura griega moderna en la Universidad de Sevilla.  



En 1982, en la colección Los poetas de Ediciones Júcar, aparecía un estudio pormenorizado (hasta el momento el estudio más completo realizado del Premio Nobel griego) y una antología poética.  Después aparecerían los trabajos realizados sobre la figura de otro griego insigne, Yorgos Seferis,  también Premio Nobel de Literatura, figura sobre la que giró el tema de su tesis doctoral como queda dicho más arriba.  En su vida profesional ejerció como catedrático de enseñanza secundaria y como profesor asociado en el Departamento de Griego de la Universidad de Sevilla.  

No tuve la suerte de haber sido alumno suyo.  No coincidí con él en los centros donde trabajó.  Mi relación con las lenguas clásicas estuvo marcada por la fatalidad: en el antiguo curso de 4º de Bachillerato le tomé miedo al latín por una mala praxis del estudio de la lengua.  Quien me tocó como profesora no supo transmitir el interés ni tuvo la paciencia didáctica para que adquiriéramos el amor imprescindible para iniciarnos en el descubrimiento de la gran utilidad de lo que, para ciertos núcleos de la sociedad, es extraordinariamente inútil, a saber: estudiar latín y griego.  Lo paradójico de aquella situación es que no estudié posteriormente ninguna materia relacionada con la Ciencia, por la que siento un enorme interés y respeto, sí me decanté más por materias relacionadas con las letras, aunque no acabé la carrera que empecé en la Universidad.  Pero eso es otra historia que no tiene nada que ver con lo que ocupa esta entrada del blog, dedicada a la figura de José Antonio Moreno Jurado, poeta, ensayista y traductor.


Conocí a José Antonio meses después de que se publicara el volumen Antología de la Poesía Neohelénica (La Generación de 1940) editada por la Universidad de Sevilla en 1991.




Con anterioridad, en 1987, la editorial Los libros de la Frontera había publicado la 
Antología de la Poesía Neohelénica (La Generación de 1930).




Había leído algunos de sus poemas, lo había visto en la librería Padilla, en la calle Laraña, en Sevilla, hablando con su amigo José Manuel Padilla, bajando las escaleras que llevaban hasta la sala donde se realizaban presentaciones de libros, conferencias.  La planta superior de la librería  albergó conferenciantes de la talla de Agustín García Calvo, Carlos Edmundo de Ory...por citar un par de nombres.  En las estanterías del local había fotografías de escritores, autoras, poetas.  Entre esas instantáneas estaba la de José Antonio, a quien esperaba poder saludar un día.  Mi timidez, que antes rayaba lo enfermizo, a estas alturas de la vida, con 68 años, tiene todas las características de lo opuesto: ahora estoy más cercano a la poca vergüenza.  El caso es que, una mañana, allí en Padilla, coincidí con él, con Moreno Jurado, y sin cortarme ni un pelo me acerqué a él, después de haber ensayado un discurso de presentación que se reconvirtió, en diezmilésimas de segundo, en un: ¡Hola!  ¿José Antonio Moreno Jurado, verdad?  Quería darte las gracias por haber traducido a Andonis Dekavales, Héctor Kaknavatos...y a todos los poetas de la generación de 1940.

Que si ya los conocía me preguntó él.  No, no.  Le aclaré que gracias a su traducción había conocido a esos poetas y que me habían gustado tanto que, de leerlos una y otra vez, me había llegado a aprender (y no es una exageración, es verdad) de memoria algunos poemas.  La conversación continuó y volveré sobre ella porque hay una anécdota triste que no quiero pasar por alto.  Pero déjame que continúe dibujando la figura de este autor cuya obra es tan importante como ignorada, al menos en ciertos círculos.

Obra amplia, poesía y ensayo, prosa, traducciones.  Hay un artículo muy interesante sobre su poesía escrito por alguien que fue alumno suyo y que tuvo la fortuna de recibir sus clases de latín y griego para después convertirse a su vez en un profesor capaz de transmitir lo aprehendido, encendiendo el interés y la pasión por el descubrimiento en sus alumnos.  Me refiero a Luis  Margüenda León (Sevilla, 1966), profesor de Griego, Latín y Lengua Castellana y Literatura desde 1989.  Actualmente imparte clases en el IES Cavaleri de Mairena del Aljarafe, en Sevilla.



Luis  Margüenda fue parte de la redacción de uno de los mejores fanzines aparecidos en Sevilla mediada la década de los años 80: Ambrosio, el nector de las diosas.  En el tercer número de este fanzine, 
Margüenda incluyó el artículo Aproximación a la obra poética de José Antonio Moreno Jurado.  Creo que no hay mejor radiografía de su poesía que este amplio análisis que apareció en dicho tercer número del fanzine y que reproduzco ahora con el permiso del autor.

(El comienzo recuerda la fecha y la ciudad de nacimiento de nuestro protagonista.  Inmediatamente continúa entrando ya en contenido)

"Cronológicamente coincide con la llamada Generación de los Novísimos.  Mientras estos andan deambulando en un manierismo culturalista, retablos decorativos, clichés estereotipados y versos larguísimos que asfixian toda intención poética, Moreno Jurado abandona la banalidad para profundizar, ya desde su primer libro, en la esencia del hombre y en el significado del paisaje y de los mitos clásicos; quizás con A. Colinas tenga laxos vínculos en el papel insustituible que juega la naturaleza en su obra.


Ditirambos para mi propia burla - 1974.  Premio Adonais de 1973, es su primer libro.  El “ditirambo” era una composición satírica dedicada a Dionisos, que dio origen a la tragedia.  Se encuentra, pues, como el esperpento, entre la tragedia y la burla.  En este sentido debe entenderse el libro, como si pusiésemos un dedo en la llaga e hiciéramos una mueca con esperanza.

El poemario se construye sobre el camino de la existencia vital del poeta que transcurre desde la gozosa ilusión de vivir hasta la certidumbre de la muerte y la esperanza.  Y en ese dolor de camino, el poeta estructura su libro en cuatro partes.  Sorprende la unidad de este cuadro hiperrealista de vida-amor-muerte-tiempo.  Amansa la memoria de los agravios recibidos, la vida vivida y el tiempo enterrado vuelven a él en Ditirambo de mi ruta; el presente es compartido Ditirambo de mi encuentro y el amor en Ditirambos de tu no estar; reflexiona sobre la muerte en Ditirambos de mi buena muerte.  La estructura del libro marca la inflexión de un desarrollo progresivo de pasado a futuro, con una identidad de temas en la identidad del poeta como autor y como amante.  No debe confundirse Ditirambos con una experiencia personal.  Su libro es una meditación intimista y estremecedora sobre el ser humano.  El cielo no le guarda secretos.  Conoce las causas por las que los vientos rumorosos rizan la superficie de los mares, como también sabe que el entendimiento es odioso por la tristeza que nos produce al arrebatarnos una mentira que nos consolaba.


Razón de la presencia, de 1977, es el libro de la realidad andaluza que desangra.  Recupera así la tradición poética de la “poesía social”, pero sin prosaísmo.  Cada detalle responde a una interpretación global.  Su intención es mostrarnos al hombre despojado de la anécdota coyuntural y del folklore, y tan arraigado en la tierra que su esencia se convierte en tierra.  El hombre es hombre, en la medida que es individuo, y busca como Boecio “…¿por qué buscáis fuera, oh mortales, la felicidad que está dentro de vosotros?”.  Para hablarnos de la “tierra” usa un lenguaje sin grandes artificios, apoyado en la burla refinada de la ironía con la que consigue el distanciamiento prudente para su crítica.  El libro se tituló en un primer momento Epiquerema a Alberti.  Por razones ajenas al poeta, los editores decidieron no incluir en la edición el poema-núcleo en el que confesaba el alumbramiento de su obra: “Tengo, Alberti, la boca / serena de la burla que come la marisma. / Me llegan terribles los arados / que oponen al dolor / una sonrisa inútil / una falsa corona de modestia… porque me hiere, Alberti, / tanta sucia palabra almidonada”.


Fedro. Poemas, de 1979, es quizás su obra más conocida.  Estos poemas, afirma el autor, son una fiel traducción de un manuscrito de Fedro, contemporáneo de Filipo, en los umbrales de la época alejandrina.  Fedro, en realidad, es un heterónimo empleado por Moreno Jurado para extrapolar una realidad histórica a nuestros días “pues no tiene sentido votar en la asamblea /ni juzgar a los hombres entre los heliastas”.  Fedro vivió la encrucijada entre la visión particular de la polis y la nueva visión cosmopolita, sencillamente humana, que se presentía.  Y un rasgo de la humanidad es el amor.  Y el amor, en estos poemas, es una transustanciación  de la materia ideológica de los discursos de Platón.  El amor, el dios más antiguo después del Caos, obliga a acciones heroicas para no avergonzar al amado.  Pero hablamos de un amor activo, de la superioridad del amado.  Pero hablamos de un amor activo, de la superioridad del amante sobre el amado (según la oposición de Sócrates).  El amor se erige revelador, como la razón de ser del hombre, “por el amor de Eryxímaco entretuve la vida”.  Su tratamiento es salvado airosamente, gracias a la presencia de una metáfora audaz (dentro de un surrealismo racionalizado) y a una sintaxis muy breve rayana en lo aforístico.  Destaquemos también el prólogo del libro.  En él arremete duramente, con las armas de la ironía y el sarcasmo, contra la erudición mal entendida del mundo clásico, contra los retóricos que andan haciendo estragos con su ornamentismo vacuo “arrieros del verso mal sentido, farándula gigante que cultiváis a Píndaro”.


Daimon de la niebla, de 1980, escrito con anterioridad a los poemas de Fedro, pero editado más tarde, inaugura un cambio de sentimentalidad, o mejor, de tono y estilo en la trayectoria del poeta.  Esencialmente, el estilo se adelgaza y se purifica hasta llegar a perder el cúmulo de metáforas que contenían sus primeros libros.  Es, al mismo tiempo, su primer encuentro con la noción de marginalidad, vista externa e internamente.


En Para un dios de invierno, 1981, compuesto por 6 poemas, Moreno Jurado deja ver algunos elementos que desarrollará  posteriormente en Bajar a la memoria.  Dentro de una estructura circular que nos remite al principio de la obra, el yo-poeta describe su experiencia amorosa con un sentido claramente universal, como demuestra el uso de formas verbales en presente y pasado actual.  Esta experiencia entre un “yo” y un “tú”, despojado de todos sus accidentes, se eleva hasta convertirse en una unión mística con el paisaje, recogiendo así el concepto de la égloga clásica y superándola, al hacer funcionar este paisaje como elemento central del libro.  La identificación entre la naturaleza externa y las zonas erógenas del cuerpo humano se hace patente en los dos poemas centrales.

Una vez marcada esa experiencia del “yo-poeta” con un dios de invierno, estática en la aprehensión total del paisaje, el autor se desprende de todos los ropajes copresentes al amor y se reencuentra a sí mismo en su soledad, idea con la que da fin al libro, aunque, como fácilmente puede verse, no sea más que el inicio de cualquier otra relación, en la que será necesario llegar a un clímax para despojarse de todos los accidentes y volver a empezar desde la propia desnudez una vez más.


Bajar a la memoria, 1985, Premio Juan Ramón Jiménez, es un viaje a través del recuerdo como memoria deliberada, recuerdo amoroso.  Y ese viaje sentimental que parte de la gozosa ilusión del amor, tiene como destino el desengaño.  “Es el amor como la gota de agua sobre el arco”.  Los versos están escritos con bastante posterioridad a la experiencia amorosa.  Es señalar precisas concomitancias entre la trayectoria vital y geográfica de los poemas.  Venecia es el escenario de un amor decadente; Atenas, de un amor en ruinas.  Se aleja de evocaciones culturalistas.  Estas referencias geográficas, entre otras muchas, son sólo evocaciones en las que se desarrolla el drama de un desengaño amoroso, sin pretexto de locuacidad.
Bajar a la memoria se compone de 34 poemas, 18 de los cuales adoptan una forma aparentemente libre, y el resto se adapta a estrofas tradicionales.  Los versos cortos suelen tener como motivo la descripción de un paisaje y del ser amado.  Los versos largos están cautivos del fuego del amante.  Y entre la serenidad y la convulsión hay casi un perfecto equilibrio numérico.  La ausencia de puntuación en los versos largos otorga plena libertad a la palabra y a los mecanismos de asociación y evocación.  Con este libro “está a tu alcance llegar a ser mejor si me escuchas a mí, que si escuchas a un enamorado(Platón)”.

 
Mitología personal, 1986, es hasta ahora su última entrega.  La soledad y la serenidad de la noche hacen que la ternura se rompa entre las páginas de este libro, adquiriendo dimensiones místicas.  Y la ternura está teñida de reflexión.  Son muchos los poetas que han hecho de su labor todo un culto y son muchos los que se han aproximado, en clave de poesía, al tema de la existencia de Dios.  Moreno Jurado, en unas coordenadas espacio-temporales bien definidas (una simple terraza, desde la madrugada hasta el alba), reflexiona sobre la existencia de Dios y los dogmas, lo que supone salvar muchos escollos formales para no caer en un árido tratado  filosófico “te requiero un trozo de presencia…seguir tus huellas en la nieve o las dalias del camino”.  Como solución: la sintáxis aforística y la narración tamizada por la metáfora, que nos recuerda los logros de la poesía griega contemporánea.  El mensaje poético es muy claro: rechazo de los dogmas, búsqueda de una religión interior, llámese agnosticismo, “yo soy mi ley / y mi ciudad es daimon de la niebla donde habito”.  Las interpolaciones son frecuentes, la cicatriz del amor está abierta aún.  Desde la terraza, el epicentro de la ciudad que duerme su mentira de amar “ventanas uniformes que se recuerdan celdas donde el amor es matrimonio”.
José Antonio Moreno Jurado nunca ha andado según el paso ajeno, ni ha esperado órdenes para amar ni para odiar. No es de aquellos que han trabajado para labrarse un epitafio.  Su estilo es él, porque quizás sabe que “las cosas humanas no andan tan llanas que lo mejor sea lo que agrade a los más (Séneca)”.
Así termina el artículo Aproximación a la obra poética de José Antonio Moreno Jurado firmado por Luis Margüenda en el número 3 del fanzine Ambrosio, el nector de las diosas.  Termina en el año 1986 porque era el año en el que aparecía ese tercer número del fanzine.  José Antonio siguió escribiendo, creando y publicando más libros: poesía, ensayo, traducción, narrativa...
  



En 1988, la editorial Júcar publicaba Yorgos Seferis, en la misma colección donde había aparecido Odisseas Elytis.







Ese mismo año José Antonio traduce a Seferis con su obra Diálogo sobre la poesía y otros ensayos, publicado también por Júcar.  En 1990, la editorial Hiperión edita Variaciones al estilo de Nanos Valaoritis.  Ese mismo año, 1990, la Universidad de Sevilla, a través de su servicio de publicaciones, edita Nugae: antología poética (1973-1990), incluye Variaciones en mar y en otoño.

Nugae, cuya traducción significa pequeñeces, un título que nos aproxima a Catulo y su círculo, recoge una extensa muestra de la actividad creadora de José Antonio Moreno Jurado desde 1973 hasta 1990.  El libro incluye, íntegro, el texto de Bajar a la memoria, que había visto la luz en 1985.  Además añade un libro inédito, Variaciones en mar y en otoño, que constituyó, en principio, una parte de Variaciones al estilo de Nanos Valaoritis, pero quedó fuera de este último texto por razones editoriales.  
La Diputación Provincial de Huelva publica en 1995, Canciones o paisaje.  Nuestro hombre sigue traduciendo. 
 


En 1997 ve la luz una obra extensa y magna: Antología de la poesía griega (Desde el siglo XI hasta nuestros días).




Un año después, en 1998, Padilla Libros Editores & Libreros publica Anotaciones sobre himnografía bizantina (1993-1994) 

 
    




La editora Amelia Romero y la Diputación de Sevilla en la Colección de Poesía El Bardo, hacían posible la edición del libro de poemas Las elegías del Monte Atos, de 1999.








Marea de la luz y de la muerte (1973-1998)
 es una antología que la Fundación Juan Ramón Jiménez, de Moguer, publica en 1999.






Entre los hilos del tapiz de finales del siglo XX sobresale uno que delimita el espacio de un área no tocada hasta el momento en la producción de nuestro autor: la obra en prosa.  



Aracne I (1946-1967), publicada por Padilla Libros en 1989, no es un libro de poemas, es una obra en prosa.  Dice José Antonio al comienzo:
Hace algunos años, durante una crisis de afecto con la Poesía, motivada en último extremo por su carácter posesivo, sus celos poco o nada confesables, sus exigencias y su anacrónica coquetería, me prometí a mí mismo no volver a escribir un poema.

Sabemos que eso no fue así porque conocemos libros de poemas de él posteriores a la fecha de edición de este Aracne, lo que desconocíamos es que el poeta escribiese prosa de una forma y manera tan hermosa.  Y no es, en ningún caso, prosa poética. 

Aracne se propone desde un principio -continúa el autor- penetrar en los más hondos y oscuros rincones del recuerdo.  No con el fin de describir los detalles íntimos de una vivencia particular, concreta, sólo mía, que a nadie puede interesar más que a los espejos que reflejan mi imagen, es decir, a mí mismo, sino con el propósito de resumir los datos objetivos de una experiencia en la que muchos, como yo, podrían verse reflejados.

Ahí está la grandeza de este libro: en la universalidad de las emociones, de los sentimientos de los que habla.  El tejido de los textos que van formando Aracne es insuficiente, se queda corto cuando terminas de leerlo y deseas más.  Hasta el momento no hay una segunda entrega.



Cronológicamente entramos en el siglo XXI con una antología poética que veía la luz en el año 2001 con el título Estreno de nostalgias, editado por El sobre hilado.






La labor de traductor no cesa.  En el año 2004, Erotócrito de Vicenzo Cornaro aparece en la editorial Gredos con traducción suya.


 






Año 2006, editorial Icaria, presenta Por los bosques de otoño: (poemas no desechados, 1979-1997)

 

 







Padilla Libros Editores & Libreros vuelve a respaldar una edición de Moreno Jurado.
En esta ocasión el libro Crónica de doce meses se publica con ilustraciones de Ruth Morán.

Aracne se reedita, en 2011, por la editorial Paréntesis.  
Y llegamos a una obra particularmente rica, porque ha pasado el Tiempo y, lejos de haber caído en lo vacuo, la poesía de nuestro autor vuelve plena y de qué forma.



    
La editorial Vaso Roto publicaba en el año 2012 Últimas mareas.  Soy muy mal comentarista de poesía porque nunca aprendí técnicamente la estructura de un poema.  Problemas de la enseñanza básica donde le cogí miedo al latín por una mala praxis de la persona que nos enseñaba en el colegio la lengua antigua.  Idéntico problema en la asignatura de Lengua Española, Literatura, donde el estudio técnico de un poema se convertía en una especie de tortura psicológica.  Cuando un poema me arrebata tan solo puedo tomarte del brazo y decirte: mira, lee a este poeta, lee a esta poeta...lee esto.  Pero no vale eso ahora.  Necesito que alguien me eche una mano y llame a las cosas por su nombre.  Vuelvo a solicitar la colaboración de Luis Margüenda, profesor de Griego, Latín y Lengua Castellana y Literatura.  Él fue quien realizó la presentación de la obra Últimas mareas.  Cuento con su beneplácito para reproducir íntegramente el texto que escribió y leyó como introducción que es particularmente esclarecedor y puntualiza de forma clara el contenido y la importancia de este libro.
"Por edad José Antonio Moreno Jurado pertenece a la llamada “Generación de los Novísimos”. Una simple lectura de algunos títulos de sus obras (Fedro, Poemas; Mitología personal; Las elegías del Monte Atos) podría inducir a pensar que Moreno Jurado se adscribe a la tendencia culturalista que estuvo tan de moda en los setenta.  Sin embargo, siempre ha huido de la vacuidad y ha amado la tradición con ánimo combativo, no sumiso. Por esta razón, ha calificado su poética como “estética del riesgo”, concibiendo “riesgo” como superación de un legado plural que nos influye y una manifiesta intención de no imitarlo.  Últimas mareas, su nuevo proyecto, asume plenamente estos postulados: riesgo, libertad creativa, ausencia de vacuidad, asimilación y superación no solo de la tradición, sino de su propia obra.  El rechazo a ser epígono de uno mismo ha silenciado su inspiración quince años.  El lector que se acerca a este hermoso poemario sin conocer verso alguno del autor encontrará un libro arriesgado, un libro capaz de sumergirnos sin ningún atisbo de nostalgia en ese momento de la vida en que empieza a ponerse la noche, un libro que hunde sus raíces en el agotamiento de su trayectoria vital.  Si el lector está familiarizado con su obra, disfrutará de la voluntad de innovación en la estructura, las metáforas y el ritmo sin dejar de reconocer la particularidad de su universo formal (característico es el empleo del diálogo y la composición de neologismos) y temático ( la soledad y la incomunicación, el simbolismo del paisaje, sus preocupaciones sociales y existenciales).  Celebremos la publicación de Últimas mareas porque no solo significa el regreso de un gran autor, sino la culminación de un proceso creativo que alumbra un poemario que sintetiza y supera todos los logros de libros anteriores, como veremos a continuación.  Una de las dificultades que encontrará el lector es la complejidad aparente de la estructura.  El propio autor la aclara.  El libro se compone de poemas de mayor extensión que se inician en página par y terminan en impar para que puedan ser leídos sin girar la página con un solo golpe de vista, mientras que los de menor extensión se han dispuesto por parejas, opuestos en página par e impar y deben continuarse en las siguientes en ese orden, equilibrio inspirado en Odysseas Elytis y su homenajeado María Nefeli.  Esta composición bipartita no es nueva.  En Bajar a la memoria (Premio Juan Ramón Jiménez 1985), el poeta alternaba poemas de verso largo para expresar la pasión y el desamor, junto a serenos romances que lograban un equilibrio con la serie anterior.  Variaciones también se componía de dos libros: Variaciones al estilo de Nanos Valaoritis y Variaciones en mar y en otoño, publicados por separado, pero concebidas como una unidad antitética: Variaciones en mar y en otoño seguía la estela de sus obras autobiográficas con una intención de trascender su mundo personal, al estilo de Kavafis, y Variaciones al estilo de Nanos Valaoritis retomaba el sentido de la denuncia social.  Como su propio título afirmaba, formalmente ensayaba variaciones y experiencias estróficas de autores griegos que resultaron muy atrevidas.  Últimas mareas es una síntesis de estos libros: no falta la confesión personal ni un yo subjetivo, está inspirado formalmente en autores griegos contemporáneos, y manifiesta la voluntad de dejar testimonio del mundo actual como en sus últimas dos producciones, Al sur de Cabo Sunion y Las elegías del monte Atos.  En el fondo, estas estructuras bipartitas conducen al diálogo, al equilibrio, a la integración, que Moreno Jurado ha aprendido en el mundo clásico.  En Últimas mareas, la voz lírica de los pequeños poemas apenas deja dudas sobre la voluntad de no falsear la realidad que ve y siente: el amor que multiplica por tres la soledad, la crítica de las falsas costumbres (tan presente en sus poemas), o la existencia de un cielo que permite la estupidez y la barbarie.  En cierta medida, estos pequeños poemas distraen de la complejidad de los mayores.  Los poemas largos fijan su atención en la muerte de personajes que le han precedido: Constantino Paleólogo, Copérnico, Giordano Bruno, Juliano el Apóstata, la Madre del autor –hermosísimo poema-, Lucrecio y Kavafis.  Casi todos sufrieron la intransigencia, la oscuridad de la sinrazón, las consecuencias de la barbarie.  Constantino, el último emperador bizantino, no lamentaba la caída de Constantinopla, sino la pérdida de la herencia griega, la destrucción de bellezas como San Salvador en Jora.  La controversia teológica llevó a la hoguera a Giordano Bruno, quemado vivo en Campo de Fiori.  En su defensa del paganismo, Juliano el Apóstata fue atravesado por una jabalina cuando intentaba retrasar el reloj de la historia universal.  Por miedo, Copérnico postergó la publicación de su libro y la primera edición coincidió con su muerte.  No es gratuita la selección de estos personajes. Aparentemente, la voz poética es un yo distanciado del autor que emplea un verso largo apropiado para la reflexión.  Recojamos algunos versos: no existe sitio en mí * para la no ética * aunque un amigo me traiciona (extraído de Campo de Fiori acerca de Giordano Bruno); a nadie he obligado a creer * solo quise abrir los ojos* la libertad de culto * a los que asesinan en nombre de la fe (Juliano el Apóstata); nadie entendió * al principio * que he cantado con insistencia * casi en prosa * más el resultado sorpresivo de la acción * que el sentimiento embustero de la lírica (Kavafis); mi daimón * mi conciencia * me encuentra cuando quiere * en la elección de lo justo * de lo que conviene a la mayoría (Sócrates).  Sin embargo, ambas voces, la del poeta y la de los protagonistas de la Historia, persiguen la misma finalidad: diferenciar la verdad universal, y la sinceridad que sólo afecta al individuo.  Copérnico, Giordano Bruno, Lucrecio, Juliano han sido seleccionados porque conforman un yo desdoblado del poeta que denuncian cómo el desencuentro entre la vida y la verdad los conducen a la muerte en vida.  De ese desencuentro nace la gran hondura moral del libro.  En cierta medida, se proclama la necesidad de construir un colectivo a partir de individuos con una clara conciencia moral.  El camino para llegar a esta síntesis ha sido largo.  En Fedro, Poemas las series dísticas quebradas dotaban al poemario de una destacada fuerza aforística, que ilustraba muy bien el sentido ético: No puede haber fronteras entre la mar y el viento, / ni entre el árbol, la rama, los juncos y los montes . / No puede haber frontera entre los labios/ del hombre con el hombre. Neciamente, / la guerra es la mirada flotante de un cadáver/ escupida en la hiedra que surge en sus entrañas.  La temática social y la búsqueda de lo esencial se atisbaban en Razón de la presencia.  El hombre poco a poco se iba despojando de lo anecdótico: Estoy buscando al hombre/ dentro del hombre mismo.  La lucha por la palabra exacta libre de falsos adornos se desembocará en el verso largo, casi prosaico, de su última etapa iniciada con Al sur de cabo Sunion.  Otro elemento característico en la obra de Moreno Jurado es la presencia de coordinadas espaciotemporales bien definidas. Para un dios de invierno era una plaquette publicada en Riotinto en la que se ensayaba el esquema de la égloga tradicional y su paisaje bucólico.  Mitología personal reproduce una conversación amistosa entre el amor divino y el humano durante una noche de agosto en un balcón.  El sentido que le otorgaba era simbólico porque el diálogo se situaba entre el mundo sensible y la divinidad. La confesión personal encontró su cauce en Bajar a la memoria, un viaje sentimental desde la ilusión al desengaño.  El autor desvelaba su experiencia dotándola de sinceridad mediante un logrado paso del tiempo y una localización paisajística real –en la Sierra de Huelva-.  En Últimas mareas regresa al paisaje onubense, pero, en este caso, Mazagón, su playa, sus pinares.  De nuevo la localización aporta sinceridad a la experiencia: los cafés son testigos de la importancia de la palabra nunca pronunciada; las calles bendicen la pobreza compartida de senegaleses y marroquíes, el mar envejecido de Mazagón arropa la soledad del poeta, los deseos que no podrán cumplirse.  El paisaje onubense nutre sus versos desde siempre, pero las mareas del título no deben pasar desapercibidas.  Encarnan la metáfora de la travesía vital del autor, su percepción de un final de trayecto.  La pleamar es la fuerza creativa que le ha devuelto la inspiración y las ganas de apurar el deseo; la retirada de las olas es un síntoma de la irreversibilidad de nuestros días, una huella de lo que vamos dejando de ser.  Esta marea vital del yo lírico con sus idas y venidas, altos y bajos tiene una plasmación perfecta en el ritmo lírico.  Hay que leer despacio, degustar despacio.  Últimas mareas no es una obra melancólica anclada en el ámbito de la memoria individual.  Tampoco reivindica la necesidad de aprender de nuestra condición temporal a fin de reconquistar el sentido de nuestra existencia, de aprender de nuestros errores. Solo constata el hecho de que todo proceso vital es un proceso mortal.  Esperamos que durante este proceso vuelvan las mareas y no sean las últimas".

Por fortuna, no, no han sido las últimas.  




En 2016, la editorial Point de Lunettes publicaba Veinte momentos de lucidez.  De nuevo el poeta nos entregaba una manifestación más del rayo que no cesa.




Un año después, en 2017, el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de Granada publicó De Bizancio a la Grecia contemporánea: estudios sobre literatura griega.  Ensayo en la producción de nuestro protagonista.  Y aquí hago un alto para volver hacia atrás, un doble salto para ubicarnos en el año 2013, año en el que ve la luz Cuadernos de un poeta en Mazagón: (divagaciones sobre la arena), publicación de la editorial tinerfeña Baile del Sol.  


Hay libros que, al terminar de leerlos, los cierras y tienes la sensación de que algo se ha quedado dentro, entre sus páginas.  Como si se te hubiesen quedado atrapadas las pestañas entre sus páginas y necesariamente tuvieses que abrirlos otra vez no tanto para liberar esa serie de pelos que crecen alrededor del ojo, en el borde del párpado, sino porque, en verdad, lo que necesitas es volver a leerlos.  Eso es lo que me sucedió la primera vez que leí Cuadernos de un poeta en Mazagón: (divagaciones sobre la arena).  El mar, las dunas de arena, los pinares de La Rábida y de Mazagón, forman el plano por el que se deslía la serpentina del sendero en el que transitan recuerdos, citas de los clásicos, reflexiones sobre la educación, la formación de espíritus libres, la educación del gusto literario, la falsedad de las creencias, la intransigencia...  En palabras de nuestro protagonista en la introducción a la obra nos dice: 
Cuanto escribí en mi juventud y mi madurez fue alimento del tiempo.  Quiero decir que me impulsaba a expresarme una fuerza viva, algo inconcreto que no acierto a definir, más fuerte que yo mismo, más real incluso, a lo que tenía que someterme por pura necesidad fisiológica, por puro hechizamiento, puesto que no quería permanecer para siempre abatido y deforme.  Y, al escribir, salía fácilmente de mis depresiones, de mis rutinas intelectuales, eróticas también, y adquiría mi propia forma, la que me alejaba ilusionadamente de la deformidad, de la manera de no ser, de la opacidad y la atonía ontológica.  Poemas, artículos, traducciones y estudios alimentaron durante mucho tiempo el vientre insatisfecha del tiempo.

 Hasta tres veces he leído esta obra.  Por el momento.  La primera fue doble: terminé y volví a empezar.  Después distancié la lectura para volver a introducirme en sus páginas cuando se editó Cuadernos de un poeta en Mazagón (Cuadernos III y IV).  Los cuadernos I y II, obviamente, pertenecen al volumen anterior, aunque no aparecían como subtítulo.



Es un placer poder continuar divagando por esos senderos que José Antonio trazaba en sus cuadernos anteriores.  De nuevo las citas de los clásicos como algo absolutamente vigente.  Los cásicos griegos, latinos...  No se agotan sus mensajes sino que vienen a articular cadenas de pensamientos tan actuales como la vida misma.  Es como un paseo íntimo con un amigo que te recuerda la necesidad de no olvidar nunca la constancia en el pensamiento crítico, en el ejercicio continuo de la libertad.  Los dos volúmenes de Cuadernos de un poeta en Mazagón los he leído tres veces cada uno, y pienso volver a leerlos, las veces que hagan falta porque su lectura me conforta, me estimula.

Mirando ahora las fotos de su investidura como doctor honoris causa por la universidad de Corfú, las fotos de las portadas de algunos de sus libros, recordando su historia personal (los años, al comienzo, por estas tierras de Andalucía, sus años en Madrid, la vuelta a Sevilla, su relación tormentosa con la Universidad Hispalense...su enfermedad de corazón contraída por los berrinches provocados por la injusticia...) me pregunto cómo y por qué su figura ha sido y es tan ignorada en el ámbito de esta Sevilla que, una vez más, es ingrata con sus hijos.  Pero en realidad Sevilla no tiene culpa, ya que la ciudad es un mero símbolo, una forma de hablar o de poner en imágenes simbólicas a todo un entramado de intereses más o menos espúreos manejados por una clase social o casta, porque la Cultura, como en todos lados, está manejada por un grupo de élite, como sucede en Madrid, Barcelona, Valencia, o San Petersburgo.  Me pregunto por qué el nombre y apellidos de José Antonio Moreno Jurado no ha aparecido en más ocasiones en los medios de comunicación, ya sean visuales o en medios escritos.  Por qué ese abandono por parte de la dulce progresía de la ciudad de Sevilla sobre un autor que ha traducido las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer al griego.  Seguro que si Moreno Jurado en vez de ser sevillano hubiese sido catalán, cualquiera de sus obras habrían sido promocionadas como se merecen desde su comunidad autónoma.  Yo no soy periodista y todo lo que pueda decir y opinar desde este blog, para muchos no es ni será vinculante precisamente por eso, porque no soy periodista.  Si lo fuera, eso sería otro cantar que dice la voz popular.  Al principio de esta entrada dije que el día que conocí a José Antonio en la librería Padilla, en la calle Laraña de Sevilla, hubo una anécdota triste que no quería pasar por alto y es la que te voy a contar.

Trabajé en Radio Nacional de España desde que la emisora estatal absorbió a Radio Cadena Española, que fue la emisora donde entré, primero como colaborador de la emisora de F.M. y después al aprobar las oposiciones con categoría laboral de Especialista de Sonido y Control.  Se habló durante mucho tiempo de fusión entre ambas emisoras, pero en realidad fue una absorción unidireccional: RNE sobre RCE.  He encontrado un sinónimo de absorción, imbibición.  La lengua española, tan rica como variada.  Sigo.  En la Redacción de Informativos de RNE, en el apartado de Cultura, reconozco que me llegué a poner pesado: que por qué no entrevistaban a José Antonio Moreno Jurado, que era un autor cuya obra, conversación, trato humano...que era un hombre importante, por Dios.  Que podía localizarlo en la librería Padilla, comentarle que estaban interesados en realizarle una entrevista, que me facilitara un teléfono de contacto, un e-mail al que poder escribirle.  No, no lo conocía en persona (aún).  Sí, sí..., me decían.  Un día de estos.  En Sevilla son muy populares los AverSi, los AraVé, los PoyáQue... Po yá que vas, tráete una lechuga... Po yá que vas a bajar, cómprame tabaco; Vale, pues ara vé a comprar el periódico y la revista Telva... Ara vé por el niño, que se ha quedado a dormir en casa de tita Eulalia.  Pero de todos, el más repetido es el el condicional AverSi... ¡Hijo, aver si nos vemos un día!... ¡Kiyooo, aver si quedamos y...!... Aver, aver aver...  Pero nunca nos vemos.  Así que, llamar por teléfono, quedar con él para una entrevista en los estudios...sí, AverSi.  Un día, como en otras tantas ocasiones, pregunté a quienes correspondía en el área de Cultura de la Redacción de Informativos, que, de verdad, ¿cuándo iban a llamar a Moreno Jurado para realizarle una entrevista?  Me dijeron que ya había estado en la emisora.  ¿Cuándo?  Pregunté.  Me contestaron que la semana pasada.  Esa semana, la anterior, yo había estado de descanso porque me habían devuelto días festivos, fines de semana trabajados, y coincidió con esa visita tan esperada.  Que por qué no me habían avisado, que me habría gustado estar presente.  Que bueno, que como estaba de descanso pues no habían caído, que tal que si Pascual...  Al menos, dije, podré escuchar la entrevista.  Sí, bueno, esto...hay que editarla, salió muy larga.  Bueno, me daba igual, lo que quería era escucharla.  Pero no pude hacerlo: no daban con la ínclita interview...no se acordaba nadie de dónde la habrían puesto.  En cuanto apareciera, me la pasaban.

En estas se produce el encuentro entre nuestro protagonista y un servidor, en la librería Padilla, en la calle Laraña, etcétera.  Conversando con José Antonio (para no repetir lo que ya dije más arriba, sencillamente recordar que le di las gracias por haber traducido a poetas griegos contemporáneos como Andonis Dekavales, Héctor Kaknavatos...y a todos los poetas de la generación de 1940) le comento el coraje que me dio la coincidencia de su visita a la emisora con mi semana de descanso.  Me miró extrañado y me dijo que no sabía a qué me refería.  Insistí: tu visita a RNE, para la entrevista que te hizo X (se dice el pecado, no el pecador o pecadora)...  Me aseguró no saber a qué me refería.  Es más, nadie de Radio Nacional de España le había llamado desde (no recuerdo ahora el año, pero hacía bastante, bastante tiempo).  Me disculpé, tal vez me había enterado mal.  Adiós, hasta otro día y encantado de haberte conocido.

Al día siguiente, con mucho tacto, comenté en el sitio y la persona adecuada mi feliz encuentro con José Antonio Moreno Jurado, de cómo me hubiese gustado estar presente en esa entrevista que, bondad graciosa (como dirían los personajes de Astérix en Gran Bretaña) de haberse producido habría sido muy interesante.  ¿Por qué me mintieron?  No lo sé.  Tal vez porque quien se la podría haber hecho no disponía de tiempo suficiente, algo que es muy común a los periodistas que ocupan el cargo de redactor/ra de Cultura en los medios escritos (papel o pantalla), al menos en los últimos tiempos-años.  No lo sé, de verdad.  No lo entiendo.  Es cierto que la Agencia Efe ha realizado una breve entrevista con él.  Fue cuando se hizo realidad su nombramiento DHC por la universidad de Corfú.  Entrevista que tuvo también el formato de vídeo.  No he visto dicho vídeo en televisión, ni tampoco he visto reflejada la entrevista en periódico alguno.  Cultura, en la prensa escrita y on-line, está sobrepasada, quienes llevan el tema se encuentran con falta de tiempo para cubrir todos los acontecimientos.  Sí, ya lo dijo Jacques Lacan: Lo tenemos todo, pero nos falta Tiempo, que es lo único que no tenemos.

El paso de los años, la pérdida de fe en el ser humano por su manifiesta incapacidad para evolucionar en progresión, el eterno retorno de las intolerancias, la proliferación del veneno de las religiones, el empeño de volver atrás por parte de la sociedad...  Hastío, ese enorme cansancio que uno siente ante el absoluto sinsentido del mundo, se apoderó del espíritu de José Antonio.  Escribir hasta el momento le ayudaba a salir de sus depresiones, de sus rutinas intelectuales, le ayudaba a alejarse de la deformidad, de la manera de no ser, de la opacidad y la atonía ontológica.  Esto lo confesaba en Cuadernos de un poeta en Mazagón (divagaciones sobre la arena), el volumen que recoge los cuadernos I y II.  Hay un momento, un instante en el que se produce una fractura sin posibilidad de recuperación y el escribir no alivia, no libera de nada.  La existencia se convierte en una serie de ejercicios que sólo un funambulista imposible se atrevería a realizar.  Por fortuna no se vuelve hacia el consuelo hueco y sordo de la religión como hicieron en el otoño de sus días figuras como Oscar Wilde o Paul Verlaine.  Ni siquiera llega a aseverar como Kierkegaard que Dios está detrás de lo absurdo porque su ateísmo sereno no puede admitir la existencia de ningún creador bonachón o demiurgo vengativo.


Fue en 2020, fecha siniestra porque inmediatamente se le cuelga: el año de la Pandemia.  En ese año aparecía Ética a un burro.  El mismo autor razona en sus páginas: Si Aristóteles escribió, para sus clases seguramente, la Ética a Nicómaco, Séneca, las Epístolas morales a Lucilio... ¿por qué, a mí que nada pretendo, no me va a estar permitido escribir mi Ética a un burro?

Es una prosa más concisa que la de aquellos cuatro cuadernos de la obra Cuadernos de un poeta en Mazagón.  Son reflexiones más breves que para algún lector pueden resultar pesimistas, pero tal y como dice el autor suscribiendo a Fernando Pessoa, no soy pesimista, soy triste.  El libro lo publicó Padilla Libros.


Dos años después, en 2022, Mixtura Editorial publica Cartas a Stelios.  Stelios Karayanis, poeta griego de la Generación del 80, amigo de José Antonio, mantuvo con nuestro autor una relación epistolar después de que se conocieran en 1982 en pleno centro de Atenas.  Estas cartas recogidas en este volumen son ciertas, algunas, otras, imaginarias.  Están en la misma línea de contenido que los textos de Ética a un burro: tristeza ante la estupidez, la estupidez del Ser y de ser, de la filosofía, de todo, de la nada.


Y este año, 2024, ha visto la luz, hace muy poco, esta obra breve, pero como siempre, intensa, titulada Autoaforismos de un estúpido.  No es una mezcla de los dos trabajos anteriores, es un martillazo en medio del silencio imperante.  Dice el autor: ...cuando escribes en soledad y lejos de amigos, de grupos, de universidades y de instituciones en general, te conviertes en una isla rodeada por mares de displicencia y de abandono.  El autor echaba en falta algo más que reflexionar sobre, por ejemplo, la Filosofía, que nunca se ocupó de la estupidez de vivir sino que la aceptó, la vida, casi sin oposición.  Faltaba enfrentarse a sus propias ideas desde la ironía y el distanciamiento, que es precisamente lo que realiza aquí.  Autoaforismos de un estúpido está publicado por Padilla Libros.

Y algo muy importante: ninguno de estos tres libros caracterizados por lo triste están escritos con un lenguaje de resignación, es un lenguaje realista.

Llegamos al final, que en realidad es el principio, porque como dije al principio de esta entrada, el pasado día 13 de junio, jueves, la Universidad de Corfú, en Grecia, le concedía el título  Doctor Honoris Causa a José Antonio Moreno Jurado por su labor en la difusión de la cultura helénica.  El acto se llevó a cabo en el Salón de Actos del Rectorado de la Universidad de Corfú.  Lo que sigue es un reportaje fotográfico de la ceremonia.



Fachada de la Academia Jonia, sede del Rectorado de la Universidad de Corfú, Grecia.




 

El escenario del salón de actos.


 

 

 



Ropaje protocolario para la ceremonia.




José Antonio Moreno Jurado acompañado por
Andreas Floros, Rector de la Universidad de Corfú, accediendo al Salón de Actos.






Yorgos Kendrotís, que realizó la laudatio, el discurso en elogio de la persona que iba a ser investida Doctor Honoris Causa.

         










Dos instantáneas con el Rector de la Universidad de Corfú, Andreas Floros, leyendo aspectos relacionados con la ceremonia.








Acto seguido se procede a investir a la persona que se nombra Doctor Honoris Causa





































Moreno Jurado y Andreas Floros, rector de la Universidad de Corfú, mostrando el acta del nombramiento Doctor Honoris Causa











José Antonio leyendo, en griego, el discurso por su investidura.



José Antonio Moreno Jurado sigue creando, aunque su producción ahora no sea específicamente libros de poesía o prosa.  Sigue traduciendo, constantemente.  En el hall de acceso al Salón de Actos del Rectorado de la Universidad de Corfú, había una mesa ocupada con parte de su obra distribuida por diferentes editoriales así como los volúmenes que tiene publicados hasta el momento con Padilla Libros en la colección El árbol de la luz sobre poesía griega, poetas actuales griegos.  Van más de 60 títulos publicados.








Porque a pesar de que sus últimos textos tengan ese perfil triste, nuestro hombre no actúa con tristeza, tristemente.  Se levanta temprano, muy temprano, antes de que amanezca, y se pone a traducir poesía griega actual.  Su propósito es corresponder a esos poetas que le escriben y que vean la luz a través de la edición de Padilla Libros.  Probablemente si le preguntaras te diría que no tiene ninguna intención especial, pero para nosotros, el hecho de que no deje de traducir poesía, ensayo...es algo que nos conforta.  Lo hace, digamos suscribiendo un pensamiento de la escritora de origen libanés, Margot Douaihy, para compartir la luz en un mundo a veces excesivamente invadido por las tinieblas.




Gracias, José Antonio Moreno Jurado, por existir y estar vivo.