Cíclope 3.0 del martes 10 de marzo de 2026. Lo primero que suena en el programa de hoy es, como queda dicho en la locución, algo tan necesario, tan natural en la vida como dormir, beber agua, hablar, escuchar música... Escuchar, por ejemplo a los Doors, un ejercicio que ayuda a mantener un equilibrio razonable.
L.A. Woman, publicado en el mes de abril de 1971, meses antes del fallecimiento de Jim Morrison, es un álbum donde la banda profundizaba en el Blues, con un par de ejemplos relevantes (Cars Hiss by My Window, Been Down So Long), y otros aires, como la animada y saltarina Love Her Madly con la que empezamos esta edición de Cíclope 3.0
En julio de 1968, Morrison y compañía editaban el tercer LP del grupo, Waiting For the Sun, un disco que recibió una acogida entre fría y decepcionada: las canciones del álbum no tenían la fuerza de los dos trabajos anteriores, estaban bien pero era como si supiesen a poco. El Tiempo fue más benévolo, y con el paso de los meses Waiting For the Sun adquirió la importancia que de verdad guardaba.
El álbum tuvo una génesis que no se llegó a materializar. En un principio el disco se iba a titular The Celebration of the Lizard, que iba a ser una larga composición que ocuparía una cara del LP. La idea era desarrollar a través de diferentes áreas (recitado de poemas, canciones cantadas, instrumentales) una composición que llevaría ese nombre, nombre que sería además el título del trabajo que se editaría con una portada compuesta por una foto, un macro primer plano de la piel de un lagarto con el título grabado a fuego. Al final no salió nada de lo que estaba en proyecto, tan solo algunos fragmentos previstos para formar parte de esa larga composición aparecerían como canciones y al final se editó el disco que se conoce como Esperando al sol, un trabajo más tranquilo, tal vez no tan arriesgado como los dos anteriores pero no exento de interés. Lo que el Cíclope recupera de este álbum de 1968 es Caravana española, un corte que comienza con la guitarra española de Robby Krieger desenvolviendo la estructura del palo flamenco de la granaína para enlazar con una adaptación de la pieza Asturias, de Isaac Albéniz, compuesta hacia 1889. Por cierto, a pesar del título no tiene nada que ver con la música asturiana, sino con Andalucía. A Morrison y compañía les sirvió para ilustrar precisamente la admiración que sentía el poeta y vocalista hacia las tierras del Sur de España.
Del año 1968 saltamos dos escalones hacia atrás en el Tiempo y nos quedamos en 1966. Con los aires españoles que nos han dejado los Doors con su Spanish Caravan, enredamos en las buenas vibraciones hispanas de aquel año y recuperamos a una banda de perfil musical sin palabras, Los Pekenikes.
El proyecto se había formado en 1959 y entonces no sabían que un día se dedicarían a componer e interpretar música instrumental. Al principio contaron con un vocalista en el proyecto, pero en 1966, año de su debut discográfico, ya habían escogido tocar canciones sin palabras. Un año antes, en 1965, tuvieron el honor de ser los teloneros de los Beatles en la actuación de los 4 de Liverpool en la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid. El LP homónimo de presentación fue un disco recibido con entusiasmo tanto por la audiencia como por la crítica especializada.
Fue, y es, un crisol de tendencias y estilos, capitaneados por el guitarra y saxo, Alfonso Sáinz (1943-2014). Adaptaron composiciones de la música académica española como es el caso de Romance anónimo, pieza atribuida al músico e intérprete de guitarra clásica Narciso Yepes (1927-1997). Los Pekenikes comienzan su versión con partitura, para avanzar en una interpretación libre trufándola de armonías jazzísticas. Uno de los cortes más conocidos del primer álbum del grupo fue Frente a palacio, que es lo siguiente que recuperamos.
De los fundadores de Los Pekenikes queda Ignacio Martín Sequeros, compositor, guitarra bajo y armónica.
Estamos ubicados en la España de 1966 y de Los Pekenikes nos deslizamos por el tobogán del Tiempo hasta 1970, año en el que vio la luz un disco, un Single que le sirvió a su intérprete el ser reconocido como cantante a tener muy en cuenta. Su nombre es Pedro Ample Candel, pero se le identifica por su nombre artístico, Pedro Ruy-Blas.
Compositor, cantante, percusionista, batería, actor, escogió como alias artístico su nombre y como apellido el título de una obra de teatro de Victor Hugo, Ruy-Blas. El arco de actividad del cantante llega hasta nuestros días, participando como actor y cantante en musicales.
Pedro, en 1970, venía de haber participado en bandas como Los Príncipes o Los Grimm, grupos de mediados los años 60. Estuvo sustituyendo a Teddy Bautista al frente vocal de Los Canarios cuando aquel se tuvo que marchar temporalmente para cumplir con el Servicio Militar, circunstancia por la que tuvieron que pasar tantos músicos españoles y que, en algunos casos, interrumpió la evolución de más de un proyecto. A los que hirió el amor aparecía a mediados del año 1970. Una canción antibelicista, con una letra ambigua que consiguió traspasar la rigidez de la censura de aquella época. Algo curioso porque un texto así era mirado con lupa de tres aumentos, sin embargo la canción quedó enclavada en la nómina de Canciones de Amor y sobrevivió, pero lo hizo dejando un sello que, a nuestro protagonista, no le supuso un salvoconducto para hacer otra cosa que no fuera algo etiquetable como Canción de Amor: se le quiso ver tan solo como intérprete de canción melódica, y punto. Sin embargo Pedro era, y es, mucho, muchísimo más que una voz dotada de emoción amorosa. El Soul y especialmente, el Jazz formaba parte de sus intereses más primigenios. Se sostuvo como un funambulista caminando sobre la cuerda que une el lado del éxito con la orilla de las ventas necesarias para que un nombre siga teniendo un mínimo de interés para un sello discográfico. Tras el single A los que hirió el amor, un año después, en 1971, apareció otro, Mi voz es amor, firmado por el tándem de compositores Roger Cook y Roger Greenaway y Gefingal, el mismo arreglista del éxito A los que...
Esta Mi voz es amor no pasó la censura franquista y fue prohibida. Frases como la paz que nadie consiguió... Yo no predico en el reino de los sordos, mi voz es amor... O Yo soy el pueblo que cree en la libertad... ¡Uff! ¡Eso escondía proclamas filocomunistas! Resolución final: canción censurada, prohibída su difusión a través de los medios de comunicación y borrada del Hit Parade, aunque no había vendido lo suficiente para siquiera haber adquirido una posición en los puestos bajos de la clasificación. Entre A los que hirió el amor y Mi voz es amor hubo otro sencillo, Amor amor. La carrera musical de Ruy-Blas continuó pero bajo el techo de cantante melódico. Y su interés, su pasión, no estaba ahí sino en otra vía de expresión musical.
Como tantas personas de aquella España de los años 60, la presencia de las fuerzas militares norteamericanas en las bases distribuidas por diferentes puntos de nuestra piel de toro significó entrar en contacto, conocer una parte fundamental de la cultura musical que se iba desarrollando en aquella época. Conocidos, familiares relacionados con con los americanos que venían a Madrid, a Rota, en Cádiz, de alguna forma favorecidos por las circunstancias, entraban en contacto con grabaciones de programas de radio, discos de éxitos en esos meses al otro lado del gran charco. Eso es lo que le ocurrió a nuestro protagonista: tenía una hermana casada con un militar americano destinado en la base de Torrejón de Ardoz. Por su cuñado tuvo acceso a un conocimiento que fue fundamental para su formación porque así escuchó Soul, Jazz, Rhythm & Blues... Eso era lo que palpitaba en este hombre que se fue haciendo, como intérprete, tocando la batería y la percusión y como cantante educando la voz para poder expresarse con la libertad más absoluta. Cantar baladas de amor estaba muy bien. Pero él buscaba otra cosa.
En 1975, con España meciéndose hacia delante buscando el impulso para un cambio profundo, por casualidad una noche, en casa de Pedro, coinciden Jean-Luc Vallet, pianista francés, el flautista y saxofonista Jorge Pardo y el bajista Álvaro Yébenes. Este será el germen del que surgirá un proyecto tan interesante como es el grupo Dolores. Hay, de base, un interés común porque son músicos que han esponjado la música que han ido escuchando a lo largo de sus vidas, no un estilo concreto, no solo una estética, sino que sus capacidades creativas son variadas y sus intenciones coinciden: Rock, Jazz, ritmos latinos, ritmos de origen español, todo mezclado en una búsqueda indesmayable por ensayar una experimentación rítmica. Además, tenían la suerte de poder participar, directa y activamente, del mundo flamenco porque estaban relacionados con músicos y cantaores con los que poder trenzar ideas y ejecutarlas.
El título, inspirado en una frase recurrente de la película Fellini 8½ de Federico Fellini, sugiere una conexión con el inconsciente y la memoria emocional. Fue un disco con una producción más ambiciosa donde se trenzan dos corrientes que no se excluyen sino que se integran gracias a la capacidad creativa de los músicos que integran en un todo posible elementos de electrónica con una raíz flamenca explícita. Esto se consigue porque hay una voluntad de hacer, de descubrir, de elaborar, y para eso están los miembros del proyecto Dolores y la colaboración de Paco de Lucía en el tema ¿Por dónde caminas?, que se publicó como Single, como tarjeta de presentación de un trabajo que fue más allá de un mero evento promocional, de un Mira qué cosa más curiosa. El disco fue el resultado de una afinidad estética que tenía mucho camino por delante para seguir profundizando entre las estructuras del flamenco y la visión renovadora electrónica que traían los nuevos tiempos. Nos quedamos con ese corte, ¿Por dónde caminas?, para entrar ahora en el disco de 1981 firmado por Paco de Lucía titulado Solo quiero caminar.
Jorge Pardo, saxo y flauta
Y
Carlos Benavent, guitarra bajo
Dos músicos relacionados con el mundo del Flamenco porque, dos años antes de que Paco de Lucía publicase su disco Solo quiero caminar, ambos intérpretes habían intervenido en un disco que fue y seguirá siendo un hito en la Música, La leyenda del tiempo, de José Monje Cruz, Camarón de la Isla.
Este trabajo fue como un faro en la oscuridad. Se reunieron una serie de intérpretes alrededor de la figura de Camarón y a partir de ese momento nada volvió a ser igual. Suena la flauta de Jorge Pardo, están los teclados de Manolo Marinelli, el piano de su hermano Rafa Marinelli. Dos guitarras,
y la de Tomatito (foto de Alain Jacq)
y un sitar, el de Gualberto
Si suena La leyenda del tiempo no nos podemos olvidar de un momento clave en este disco, el corte Romance del amargo, con un texto de Federico García Lorca
y música de Ricardo Pachón, productor del LP.
Así nos hemos ido acercando al final del programa de hoy. Nos queda poco tiempo y lo vamos a ocupar con otro hito dentro de las formas flamencas, el álbum Omega, firmado por el cantaor Enrique Morente y el grupo de rock Lagartija Nick.
Otra reunión de intérpretes colaborando para hacer más brillante este cruce de caminos, un sendero final trazado por Enrique Morente y Lagartija Nick, Flamenco y Rock pero no presentados como dos antagonistas sino como aliados para llegar a una meta luminosa. Federico García Lorca y Leonard Cohen. Morente, García Lorca y cohen. Dos de ellos compartieron conversaciones: el primero y el último. También compartieron su admiración profunda por el poeta de Granada. Morente les canta, a uno y otro.
A la derecha, Cohen ante la cuna donde nació Lorca, en la casa natal del poeta en Fuente Vaqueros, Granada. Hay más fotos de la vida cotidiana de Federico en la Huerta de San Vicente, donde veraneó el poeta con su familia entre 1926 y 1936, fotos debidas a Eduardo Blanco Amor.
En Omega, Lagartija Nick y Morente realizan un trenzado con elementos de Rock y Cante Jondo tomando composiciones de Cohen como First We Take Manhattan, rebautizada para la ocasión como Manhattan.
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Lagartija Nick y Enrique Morente |
Así terminamos esta edición de Cíclope 3.0 en la que, la cesta de cerezas que salen ensartadas unas con otras, han ido marcando el sentido del programa: bucles en el Tiempo que nos han conducido con un vector eminentemente hispano, de la Caravana española de los Doors al Romance anónimo de Los Pekenikes; un puente, A los que hirió el amor, de Pedro Ruy-Blas, nos ha dejado en una tierra poliédrica donde las armonías entre el Rock, el Jazz y el Flamenco nos han dejado el testamento sonoro de un proyecto tan importante en la música española como el grupo Dolores. Y con Dolores nos hemos encontrado con Paco de Lucía...y de ahí, al Camarón de la Isla, para cerrar con Enrique Morente y Lagartija Nick.
Espero que te guste el programa.
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