Cíclope 3.0 del martes 23 de junio de 2026. Comenzamos la edición de hoy recuperando música del pasado con este hombre de origen escocés que responde al nombre de Edwyn Collins.
Collins, con gafas de sol, siempre miró hacia delante, sin titubear. Tenía claro lo que quería y se rodeó de almas afines a sus ideas. Fundó un sello discográfico, Postcard, para canalizar sus ideas hechas canciones, y todas las que pudieran formar parte de un catálogo con un perfil claro y transparente como la luz del día: Pop de finales de los 70 y principios de los 80, Pop independiente, que estuviese caracterizado por una visión novedosa, con un resultado final impetuoso pero elaborado. Por aquellos días, un amigo de Collins, Roddy Frame, le acompañaría tocando la guitarra. El proyecto de este último, un grupo llamado Aztec Camera, formaría parte del catálogo de Postcard. Orange Juice dejaría un legado de cuatro LPs y un montón de Singles. Pero hoy comenzamos esta edición de Cíclope 3.0 con Edwyn Collins en solitario.
Orange Juice en 1984 publicaron los dos últimos discos de los cuatro grabados por el cuarteto. A partir de ese momento Collins continuó en solitario y en 1989 aparecía su primera obra firmada con su nombre y apellido, Hope and Despair. En 1990 aparecía Hellbent On Compromise. Sería en 1994, con la publicación del álbum Gorgeous George, cuando el nombre y apellido del músico escocés haría volver más de una mirada interesada en el sonido de la guitarra eléctrica y la voz que canta un tema como Girl Like You. En muchos círculos se revalorizó la música de Orange Juice y sus discos tuvieron una nueva oportunidad al reeditarse. El último que grabó el grupo y que bautizaron con el nombre del proyecto añadiéndole el artículo determinado The, The Orange Juice, se publicó en noviembre de 1984.
Tiene canciones como la que recupera el Cíclope, Out for the Count.
No abandonamos la figura de Edwyn Collins. En febrero del año 2005, sufrió dos graves hemorragias cerebrales, causadas por una hipertensión no diagnosticada. Como resultado de este ictus, perdió el habla y quedó inmovilizado del lado derecho de su cuerpo. Tras ser operado, su cicatriz quirúrgica se infectó complicando su estado y dejándolo en coma durante meses. Sufrió una afasia severa que le hizo olvidar prácticamente todo su repertorio musical. A pesar de los pronósticos médicos, gracias a un proceso de rehabilitación intensivo y al apoyo de su esposa, logró recuperar la capacidad de expresarse, cantar e incluso tocar la guitarra de manera rudimentaria. La edición de Cíclope 3.0 del 31 de octubre de 2017 está dedicada a Collins y a este bache en la salud de nuestro protagonista, con todo lo que supuso la enfermedad, la rehabilitación, su música posterior, etc. Y como he dicho, no abandonamos su figura porque continuamos con él como guitarrista y como productor de otro proyecto, el del grupo británico Little Barrie.
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Little Barrie De izquierda a derecha, Virgil Howe, batería, hijo del guitarrista de Yes, Steve Howe; Barrie Cadogan, guitarra eléctrica, voz y Lewis Wharton, guitarra bajo. |
Lo que hacía la banda interesó al sello Genuine Recordings y en febrero de 2005 aparecía We Are Little Barrie, el primer disco firmado por una formación donde, el puesto de batería, sería cambiante, excepto el de guitarra bajo y, por supuesto, el de guitarra eléctrica. Aquella tríada fue la más estable, la que trabajó más veces juntos, tanto como instrumentistas como coautores de los temas de los discos. Edwyn Collins no sería la única vez que interviniese y de una forma activa, no sólo como productor, también manejando una gama amplia de instrumentos además de poner voz de coros en muchos cortes. El batería Virgil Howe no estaría en el segundo álbum del proyecto, el disco titulado Stand Your Ground, de 2007, pero volvería en los trabajos King of the Waves, Shadow y Death Express, 2011, 2014 y 2017 respectivamente.
Entre 2020 y 2025, Little Barrie trabajó con un batería/percusionista llamado Malcolm Catto.
Electric War en 2025. Este, grabado en el estudio analógico de Catto, demostró que la fuerza de tres músicos unidos por un mismo fin, daba como resultado una fuerza inmensamente mayor que la que se hubiese podido desprender de tres energías individuales. El trío suena con una autenticidad que no se puede negar y para que quede palpable, el Cíclope entresaca el tema que le da título al disco, actualmente agotado.
Malcolm Catto debutó en el mundo de la música grabada con el grupo de Funk alternativo The Soul Destroyers en 1999. En 2001, lanzó su primer trabajo en solitario, Popcorn Bubble Fish, al que siguió, un año después, Bubblefish Breaks, su álbum complementario de Dub y Beats. Ha trabajado con figuras como Madlib, uno de los artistas más célebres, prolíficos y eclécticos del Hip-Hop desde que irrumpió en la escena a principios de los 90. Catto también ha interactuado con figuras como Dan Ubick, líder de la banda Connie Price & the Keystones, que recrea sonidos Soul, Funk, Jazz, Reggae y otros ritmos clásicos, colaborando con raperos y cantantes de renombre.
La actividad poliédrica de Malcolm Catto lo lleva a fundar, en el año 2007, el proyecto The Heliocentrics, en la foto siguiente.
A finales de ese año, 2007, The Heliocentrics publicaban su primer álbum titulado Out There.
En la locución del programa, hablando de Malcolm Catto, comento que tal vez en alguna ocasión veas una foto de él con la carpeta de un disco mostrándolo a la cámara. La foto es la siguiente
Y el disco en cuestión es Hard Luck Soul, firmado por Ohio Penitentiary 511 Jazz Ensemble, Conjunto de Jazz 511 de la Penitenciaría de Ohio.
El Ohio Penitentiary 511 Jazz Ensemble fue un aclamado grupo musical formado por reclusos de la Penitenciaría Estatal de Ohio. El proyecto se fundó en 1971 y realizó la grabación del disco Hard Luck Soul, grabación realizada en la capilla de la prisión con la ayuda de músicos visitantes de la Universidad Estatal de Ohio.
En el interior de la carpeta del disco aparece la foto y la información de la instantánea anterior. El grupo fue formado por los reclusos Reynard Birtha y Logan Rollins, sobrino del legendario saxofonista de Jazz, Sonny Rollins. La banda tomó su apodo, 511, del número de apartado postal de la prisión. El álbum, financiado por el dueño de un club local de Columbus, se grabó en un estudio móvil en la prisión para poder grabar al grupo. El resultado fue un disco de cuatro pistas: Psych City, Mantra Dance, Counterry Bosa Davan y Java Man. Los músicos recibieron muy poca compensación o reconocimiento en el momento del lanzamiento, y la banda se disolvió cuando sus miembros cumplieron sus condenas. Se publicó en 1971 y se volvió a reeditar en el año 2012. Es uno de esos discos raros que, en su versión vinilo, se ha vuelto pieza codiciada de coleccionistas. De este trabajo recuperamos el tema Mantra Dance.
Hemos ido jazzificando las formas de la música a medida que avanzaba esta edición de Cíclope 3.0 y nos quedamos ahora con formas suaves y sugestivas de ese acercamiento. Jäje Johanson es el nombre y apellido de un compositor y cantante sueco nacido en Trollhättan, capital del municipio homónimo en la provincia de Västra Götaland, en la costa oeste de Suecia. Nacía en 1969 y, siendo adolescente, comenzó a componer. Los elementos de base para levantar la arquitectura de la música que escribía fueron las historias cinematográficas de detectives y las voces, cuyo punto de fuga era, y es, el Jazz. Se dedicó a limar asperezas y a construir canciones cada vez con más contenido, hasta que cumplió 27 años, edad con la que se presentó en sociedad adulta con la publicación del disco Whiskey, su primer álbum, el que abrió un camino en el que se fue mezclando las grabaciones en estudio y las actuaciones en vivo. Había adoptado un pseudónimo artístico y a partir de esa primera muestra en disco, Jäje Johanson pasó a ser internacionalmente conocido como Jay-Jay Johanson.
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Jay-Jay Johanson |
Supo trenzar un bucle de música donde reina la melancolía electrónica con un tejido eminentemente jazzificado. En el año 2019, Johanson había publicado ya 14 álbumes, una discografía que, hasta ese momento, recoge su actividad tanto en estudio como en vivo. Pero con el disco que hacía el número 15, King Cross, nuestro hombre recogió la cosecha del momento y los ecos de lo que había ido sembrando. Una composición como Heard Somebody Whistle, Escuché a alguien silbar, supuso para él, ser reconocido allí donde aún su nombre y apellido no eran populares.
Una cierta fragilidad en su presencia física y esa forma tan clara y serena de interpretar asentaron definitivamente el buen hacer de este músico sueco.
Con el trabajo siguiente, Test de Rorschach, de 2021, Jay-Jay Johanson fusiona el pulso metálico del electropop con la estética pausada y mesurada de las formas del Jazz más íntimo. Deja claro que sigue funcionando como un compositor/intérprete de canciones tan bien construidas como esta que reseña el Cíclope: Why Wait Until Tomorrow?, ¿Por qué esperar hasta mañana?.
Llegamos a la recta final del programa por hoy. Nos queda tiempo para poder escuchar unas cuantas canciones de un disco que nos hace particularmente ilusión estrenar hoy aquí. Se trata de Bandera de última vuelta, el nuevo trabajo firmado por Martín León Soto, más conocido por el acrónimo MALESO.
Escuchar un disco nuevo de MALESO es como abrir una caja de bombones y en este caso, en este Bandera de última vuelta, la caja trae 15 porciones del mejor MALESO, el letrista imaginativo, el que cuenta historias peculiares, el músico que inmortaliza momentos de una vida congelándolos en instantáneas que parecen el fotograma de un plano secuencia que pasa a fundido en negro. Y sobre todo, que este disco nos muestra, una vez más, las caras variadas del poliedro de la música de MALESO: cuando Martín abre el abanico y la instrumentación dibuja y teje líneas que unen las imágenes que describe en las letras, todo se hace más y más atractivo. Y es que prefiero esa variedad instrumental levantando las formas de las canciones que el acompañamiento de una guitarra o un piano solamente. Esto no significa que no me gusten esas canciones, esa forma de componer y hacer más espartana, más desnuda, que MALESO ha hecho en otras ocasiones. Solo que prefiero esta policromía que, una vez más, me deja asombrado porque, engarzar palabra e instrumentos con los resultados que logra Martín León Soto, eso no es algo habitual, eso no lo hace cualquiera.
El trabajo anterior, aparecido el año pasado, 2025, fue La vida de mi historia.
Pero aquí en Cíclope 3.0 empezamos a repasar el disco nuevo de MALESO tomando como punto de partida la canción Cuadratura contable, una reflexión sobre el Arte y lo prosaico de la Vida: o comes y vives, o te dejas llevar por las Musas, que no te prometen ni te aseguran nada. Del amor roto, del amor que se ausenta, habla la canción El amor duele (en tu tiempo libre). La elocuencia musical de este álbum de nuestro protagonista es tremenda: aquí hay mucho género de primera calidad, un terreno que si le diéramos un corte veríamos las capas formadas por los diferentes orígenes, estilos...hay una sutil jazzificación a lo largo de los 15 cortes de Bandera de última vuelta, donde el crisol en el que se origina la peculiaridad de cada una de las composiciones está acondicionado para que el resultado final sea ese y no otro.
MALESO no ha estado solo haciendo posible este nuevo trabajo, hay una nómina de colaboradores importante, fundamental porque saben lo que hacen, cómo hacerlo y resultar los puntos de capitoné imprescindibles para que el todo final tenga la resolución brillante que caracteriza a las obras bien hechas. Andreas Prittwitz toca los saxos soprano y tenor, flauta travesera y flauta de pico, clarinete y clarinete bajo. Luis Fernández se encarga del piano, dotando al instrumento de una elocuencia amplia. A la batería se ha sentado Jorge Daniel Collado. Algunos músicos intervienen en un corte, y esa participación es fundamental, como es el caso de Sabas Carballar, que toca el contrabajo en Dale un mordisco a la vida. En los otros temas es Martín quien se encarga de entretejer las cuatros cuerdas del bajo. Él escribe las letras de las canciones y compone la música. Y canta, por supuesto. También hay colaboraciones en la voz: Priscila Gago, es la segunda voz en Bandera de última vuelta, además de hacer coros en alguna otra canción. Hay un refrán o expresión popular que asevera que, detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Martín vive compartiendo la fuerza vital que genera Aida Vílchez, el faro que le guía cuando la barca de la creatividad se queda varada en la Costa de las Tormentas, la que señala aspectos que hay que mejorar: aristas allí donde hay que limar las asperezas de la letra de una canción, los síncopes de una melodía que no cuadra. Siempre con un tono crítico y certero, buscando el lado soleado (como decía Ray Davies en una canción de los Kinks). Ella, Aida Vílchez, hace dúo con Martín en Salvar el mundo, Tazón de amour fou y Mi dulce adicción. Por último, Laura y Diego León, suman sus voces en la canción Plomo en el techo.
Con los temas París imaginado y Robin Hood, no Cupido. En un disco tan jazzístico como el nuevo de MALESO no podía faltar París, el París de la trompeta de Boris Vian, el París de cine recogido en un vector que une ambas orillas del Sena en París imaginado; y una canción popificada como Robin Hood, no Cupido sirve para cerrar esta edición de Cíclope 3.0
Volveremos en próximos programas con Bandera de última vuelta, el disco nuevo de Martín León Soto, MALESO, (foto anterior), porque nos quedan aún canciones por escuchar de un disco que es francamente lúcido y brillante.
Espero que te guste el programa.
Enlace:
https://www.radio.tomares.es/index.php/blog/ciclope-30-23-06-26








































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