lunes, 15 de enero de 2024

Anna Banti

 


Anna Banti (1895-1985)

El camino, la forma en que uno se entera de la existencia de un libro es, son, muy variadas: alguien te comenta que tal libro merece la pena, lees una cita de la obra, otro escritor/a habla de tal título, se lee un comentario-crítica...  Cómo me enteré de la existencia de Anna Banti no lo recuerdo.  Sé que primero fue el nombre del libro: Artemisia.  Después el nombre de quien había escrito el libro.


Anna Banti, bautizada con el nombre y apellido de Lucia Lopresti, fue una escritora italiana.  Nació en Florencia el 27 de junio de 1895 y falleció en Ronchi di Massa el 2 de septiembre de 1985.  Su producción recoge ensayos de crítica de arte, obras de ficción,  traducciones.  Al principio, cuando comienzan a dibujarse los trazos que marcarán el discurso literario de sus ideas, los recuerdos florecen como puntos de partida para adquirir un vuelo en el que las líneas van a estar escritas con una prosa certera, firme.  Se va soltando y no sólo la memoria de las emociones contribuye a su universo interior.  En 1924 se casa con el crítico literario Roberto Longhi, profesor suyo en el liceo, hombre de profunda cultura tanto literaria como artística.  Juntos lograron colaborar en el nacimiento de la revista Paragone, en la que ella tuvo la dirección de la sección literaria contribuyendo además con artículos de perfil histórico y literarios.  Fue un periodo fecundo, en el que su prosa se hace más elaborada y refinada sacando a la luz, con historias complejas de trasfondo principalmente psicológico, la condición de las mujeres en la sociedad de su tiempo, analizando la convergencia de puntos de vista de diversos personajes femeninos descritos con gran agudeza en sus momentos de crisis moral y existencial.  Este será el centro de su actividad literaria: la figura de la mujer en lucha con los prejuicios del tiempo y de la época que le toca vivir.  En cualquier bucle del Tiempo, los hombres recuerdan eventos y momentos de sus vidas pasadas pero las mujeres no tienen ese privilegio.  Falta la memoria del pasado femenino.  Las mujeres mueren y nadie se acuerda de ellas.

En los años de la década de los 60 Banti amplía el contenido de su producción con un realismo  que le da un toque de madurez a su estilo.  Se distancia progresivamente de un feminismo violento y reivindicativo y llega a la conclusión de que sólo a través de la colaboración entre los dos sexos será posible llegar a un cambio real en la sociedad.

En la década de los 70, la obra de Anna Banti se revisita y adquiere una actualidad que, en realidad, nunca había perdido.  La figura de la mujer en el Arte en disciplinas como la pintura resalta un hecho que a simple vista parece innegable: ¿Por qué no hay más mujeres pintoras?  El debate, en realidad, está mal planteado y la pregunta correcta debe ser: Las mujeres que fueron pintoras, si existieron, ¿por qué no se conocen?  Personalmente quitaría el condicional si existieron, pero para ser lo más fiel posible al planteamiento, lo dejo estar tal cual.  Banti, para quien el Arte y, especialmente, la Pintura fue un campo en el que trabajar la memoria para deshacer el olvido, desarrolló y redescubrió figuras femeninas de interés como fue el caso de la pintora italiana Artemisia Lomi Gentileschi, nacida en Roma en 1593 y fallecida en Nápoles hacia 1656.  Fue hija del pintor Orazio Gentileschi, compañero de Caravaggio.  Sin lugar a dudas, Artemisia Gentileschi, cuyas principales figuras retratadas fueron mujeres (Judit decapitando a Holofernes, Susana y los viejos, Betsabé, Lucrecia, Cleopatra, María Magdalena) se convirtió en la piedra de toque de la arquitectura del no olvido que Banti desarrollaba: sus primeros pasos literarios se surtían de recuerdos y ahora, años después, la memoria volvía a ser parte del motor de la creatividad.  La memoria revitalizada, revisitada.  No sabía la autora hasta qué punto iba a tener que rememorar, revisitar los recuerdos.  La biografía de la pintora la tituló como Artemisia.  En 1944 estaba terminado el manuscrito.  En 1944 la aviación nazi bombardeó Florencia.  La casa donde vivía Banti se convirtió en escombros y el manuscrito original de Artemisia desapareció.  En 1947, tras conseguir reescribir la biografía desaparecida, se publicaba ArtemisiaBanti tuvo que reescribirla.  ¿Era tal cual la había pensado?, ¿había cambiado el texto?  Claro que sí.  La vida había seguido.  El Mundo ya no era el mismo, habían sucedido acontecimientos lo suficientemente importantes como para que un alma como la de la escritora se hubiese mantenido al margen de todos y de todo.  La biografía que escribe Banti de la pintora Gentileschi no es una biografía al uso, narrando la sucesión cronológica de acontecimientos, de hechos.  No sigue un patrón metonímico del día tras día.  Banti utiliza una técnica narrativa que, los críticos y analistas más expertos, han dado en llamar narrativa concéntrica: hay un diálogo entre dos voces, una dentro de la otra, las mismas que hablan desde el tiempo de cada una, Anna desde el hoy, Artemisia desde el ayer.  La escritora se vuelve una amiga imaginaria de la pintora pero no interfiere en su devenir, sencillamente señala, resalta, recuerda.  Escucha a la pintora y observa en la dirección en que la otra mira.  Se ciñe a lo que la pintora cuenta de sí misma: fue una niña que pierde a su madre y queda al único cuidado de su padre, que será su gran maestro y un padre ausente, en cuyo estudio conocerá al también pintor Agostino Tassi, que se convertirá en su profesor y su violador.  Entonces el padre urdirá un matrimonio con Antonio Stiattesi, con el único objetivo de librarse y librarla del estigma social de la violación.  Stiattesi también la abandonará.  El arte de la pintura se convertirá en Artemisia Gentileschi en venganza no cruenta, en lucha continua: se levanta, cae, vuelve a levantarse, vuelta a caer...contra todo pronóstico positivo por conseguir su meta logra, al final, lo que se había propuesto: ser una gran pintora.  Anna Banti escribe esta biografía con un arte narrativo extraordinariamente intenso.  Domina los abanicos de las descripciones: el color, el olor, el sabor, el sonido, el tacto...  La luz, por dónde entra en la habitación.  Busca las que tengan una mejor orientación para encontrar las ventanas que mejor dejen pasar la luz de la mañana, o de la tarde.  Y se enreda con las dudas que le transmite a su amiga Artemisia sobre las aseveraciones que recuerda haber dejado por escrito en aquel texto que destruyó una bomba de la guerra y que, ahora, no consigue rememorar al completo.  Y va levantando la forma de una historia que no es sino la vocación artística de una mujer en lucha con los prejuicios de su tiempo, del tiempo de la pintora y del tiempo de su biógrafa, porque común a los dos es el pensamiento masculino: parece mentira que sea una mujer quien ha pintado estos cuadros.

Una de sus pinturas, Judith y su sirvienta, de 1625, ilustra la edición de Artemisia de Anna Banti publicada por la editorial Periférica en el mes de junio del año 2020 con traducción de Carmen Romero.




Esta es la última edición conocida traducida al español.  Antes, en 1992, se había publicado en Versal; el mismo año en Cátedra y en 2008 en Alfabia.  En los tres casos la traducción fue la de Carmen Romero.  Desgraciadamente la obra de Anna Banti está muy poco traducida en nuestro país.  Existen esta Artemisia de 1947 y Las moscas de oro de 1962, publicada en 1966 por la editorial Delos-Aymá con traducción de Juan Bautista Cuyás Boira.  Por supuesto que Las moscas de oro está descatalogada, dada la fecha de edición.  Pero desgraciadamente Artemisia también está fuera de catálogo aunque, ni en un caso ni en otro, está todo perdido porque se encuentran fácilmente en el mercado de segunda mano, a buen precio y en muy buen estado de conservación.



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