jueves, 9 de septiembre de 2021

Cíclope 3.0 - 07-09-21 - Especial Dead Can Dance # 1

 


Arthur Kampf
 - Danza Macabra - 1949


Cíclope 3.0 del martes 7 de septiembre de 2021, primer programa de la nueva temporada, y primer espacio Especial Discografía, hoy con la primera entrega del Especial Dead Can Dance.


Dead Can Dance llegó a Europa desde Australia, donde el proyecto vio la luz en el comienzo de la década de los años 80 del siglo pasado.  La idea primigenia, la génesis estuvo en la cabeza de Brendan Perry, músico, intérprete y compositor originario de Londres que por causas del Destino estuvo viviendo y trabajando en Australia, en concreto en Melbourne, lugar donde comenzó a gestar una labor musical representada a través de grupos como The Scavengers, posteriormente rebautizados como The Marching Girls, y con la misma constante para ambas formaciones: no consiguieron contrato discográfico alguno.  Eran los últimos años de la década de los 70, y Perry, multinstrumentista que manejaba con soltura la guitarra tanto eléctrica y acústica y un sin fin de instrumentos de percusión, ya pensaba en un proyecto más ambicioso.  Es la época en la que entra en contacto con una mujer australiana que vivía precisamente en Melbourne, donde estaba Perry, una compositora e intérprete llamada Lisa Gerrard que había crecido en el barrio multirracial de East Prahan.  Hija de inmigrantes irlandeses había convivido entre las culturas griega, turca, italiana, irlandesa y árabe, un crisol de diversidad que influiría de forma clara, transparente y diáfana en su forma de componer e interpretar su propia música.  Su característica principal es la voz, descrita como profunda, rica, triste y alegre, oscura y luminosa.  Su registro vocal es de contralto, pero ella la extiende hasta el registro de mezzosoprano.  En ocasiones llega a utilizar el lenguaje conocido como idioglosia o lenguaje idiosincrásico que, en su caso, desarrolló desde los 12 años de edad, algo que le permite interpretar con una riqueza musical amplia diferentes influencias de la música y matices de otros idiomas.  Algo parecido a la ecolalia desarrollada por Elizabeth Fraser de Cocteau Twins, compañera de escudería en el sello discográfico 4AD.  Lisa Gerrard también perteneció a otros proyectos musicales antes de entrar a formar parte fundamental de Dead Can Dance.  A finales de los 70, sobre 1978 ó 1979, estuvo al frente vocal de la banda australiana Microfilm.  

Con ese encuentro entre Perry y Gerrard la base de Dead Can Dance se había forjado y aunque también influiría la presencia de otros elementos del grupo como Peter Ulrich, la esencia fue y sería la doble columna vertebral entre ambos.


En 1981, Dead Can Dance veía la luz, la idea floreció y con el binomio Perry/Gerrard más los músicos australianos Paul Erikson, guitarra bajo y Simon Monroe, batería, la banda comenzó su andadura.  Actuaciones en vivo, cierto eco de sus formas musicales, temporada 1981-82... pero no parece haber futuro en la tierra de los canguros por lo que el capitán del barco, Perry, decide trasladarse a mediados de 1982 con todo el equipo a Londres, donde los márgenes para desarrollar un proyecto como el de DCD puede encontrar mucha más cancha.  Erikson y Monroe no están de acuerdo y se quedan en Melbourne.  Gerrard y Perry recalan en una ciudad y en un ambiente con los que tienen que interactuar.  Ciertos contactos con otros músicos comienzan a abrirles puertas de acceso y así hay ocasiones en las que están 4 miembros tocando, ensayando.  Otras veces llegan a ser 9.  Entre los candidatos uno que hace buenas migas con la pareja recién llegada, Peter Ulrich, multinstrumentista y miembro casi fijo de la formación.  Estaría en las primeras actuaciones en vivo del grupo, y estaba presente cuando una noche tras un concierto se les acercó un oyente entusiasmado con su música.  Esa mezcla de goticismo con toques étnicos, esa oscuridad luminosa...  Sí, les había gustado muchísimo y querría hablar de negocios con ellos.  Si les parecía bien se podían ver a la mañana siguiente en las oficinas del sello discográfico que él representaba.  El admirador en cuestión era Ivo Watts-Russell y su sello discográfico 4AD.  La buena suerte estaba del lado de Perry y compañía a su llegada a Inglaterra.



 

Asignar un género musical a DCD es bastante difícil por no decir que es inclusive innecesario.  ¿Qué es lo que hacen?  Música.  Puede parecer una perogrullada pero es que es verdad: lo que hacen es Música, música eterna, como se titula una de sus composiciones, música multi-influida por diferentes culturas y raíces, pero música, sin ningún tipo de matrícula, inmenso dolor de cabeza para las personas encargadas de posicionar sus discos en las diferentes categorías de los muebles de discos en la sección de Música de unos grandes almacenes.  Pero ningún inconveniente para ti, que lo que te interesa es que la música te comunique algo y en el caso que nos ocupa comunica no algo sino muchísimo.

El primer álbum de Dead Can Dance se publicaba el 27 de febrero de 1984 con una formación capitaneada por Brendan Perry, guitarra eléctrica, teclados, guitarra bajo, voz y yangquin; Lisa Gerrard, voz y yangquin; Scott Rodger, guitarra bajo; James Pinker, multinstrumentista y Peter Ulrich, batería y percusión.  Cinco miembros principales más cuatro colaboradores circunstanciales dan un total de 9 miembros para el primer LP de la banda, un disco con una triple dedicatoria de agradecimiento: a Ivo Watts-Russell por haber creído y apostado por ellos desde el comienzo haciéndolo realidad con un contrato con la 4AD, a Robin Guthrie, guitarra de Cocteau Twins por sus consejos y amistad y al diseñador gráfico Vaughan Oliver que trabajó durante años con el equipo de diseño 23 Envelope y por lo tanto con el sello 4AD.  De la producción del disco se encargaron todos los miembros del grupo.  La portada del disco representa una máscara tribal de Nueva Guinea, que se pensó utilizar como logotipo de la banda, pero después el logo serían las tres letras iniciales de las tres palabras del nombre en diferentes diseños.























El primer disco de DCD sirvió para catalogarlos como músicos pertenecientes al Rock Gótico, ubicados en la incipiente Ola Oscura, Dark Wave, por albergar sonidos y estructuras relacionadas con dichas corrientes dentro del Rock y por toda la metáfora que irradian sus composiciones tras el tema con el que se abre el disco, The Fatal Impact, el estallido de una bomba y la melodía interpretada por instrumentos, sin voz.  ¿Qué queda?  El paisaje después de la explosión de un obús, y la muerte que puede bailar.  Pero no, ni rock gótico ni, menos aún, traducir el nombre del grupo como una alusión a muertos o muerte que puede bailar.  Perry y compañía se desvinculan de cualquier goticismo así como de otros conceptos siniestros.  Dead Can Dance significa poner vida nuevamente dentro de algo que está muerto, o que hace mucho tiempo no ha sido utilizado.  Según declaraciones del binomio Perry/Gerrard el nombre del grupo nace de un extenso proceso de meditación ante la necesidad de inyectar nueva vida a estructuras de música e instrumentos que se pueden considerar como muertos y obsoletos.  Es precisamente esta interpretación la que justifica la utilización de toda una gama de elementos musicales comunes como lo son la guitarra, los teclados, los instrumentos de percusión, los sintetizadores, hasta otros de matices mucho más clásicos como la gaita, el violín, el violonchelo la tuba, la zanfoña o el yangquin, un instrumento que tocan tanto Brendan Perry, Lisa Gerrard o Peter Ulrich.



Yangquin es un salterio utilizado en China.  Su origen es Oriente Medio, en Persia, en lo que actualmente es Irán.  Se toca con unos mazos finos, como cualquier salterio.




Será un sonido, el del yangquin, reconocible en casi todos los discos que dejan grabados Dead Can Dance.  Ningún álbum posterior al disco de presentación va a tener un perfil más cercano a las formas posteriores del Punk como lo hizo ese vinilo de debut.  Se mantendrán una serie de características como la interpretación a medias de las composiciones cantadas unas veces por la voz masculina y otras por la voz femenina.  En ocasiones cantarán a dúo.  La otra constante, fundamental, el eclecticismo.

1984 será su año productivo por excelencia: se publica el primer disco del grupo, contribuyen con dos temas en el  disco It'll End in Tears, primer álbum del laboratorio musical This Mortal Coil, y en agosto de ese mismo 1984 Perry y compañía publican, desde entonces y siempre con la 4AD, otro disco, en este caso un EP de cuatro canciones bajo el título Garden of the Arcane Delights.



  

Las cuatro composiciones que forman el EP podrían haber formado parte del LP de presentación pero aparecieron así como un disco individual.  En la reedición de los discos en CD aparecería junto al álbum en un CD publicado en 1988.  En Japón lo hizo en 1987, un año antes.  El mercado japonés no tiene nada que ver ni con el americano ni con el europeo.  Ambos discos, el primer LP y este EP, forman la mayor parte del contenido del programa de hoy, la primera edición del Especial Dead Can Dance en Cíclope 3.0  El otro disco con el que además cerramos el espacio de hoy es el segundo álbum de DCD, Spleen and Ideal.




Grabado entre septiembre y noviembre de 1985, Spleen and Ideal se publicaba en diciembre de ese año.  Entre los miembros de la banda se mantienen como es obvio el dúo Perry/Gerrard.  Permanece Peter Ulrich y se suman hasta un total de 7 colaboradores entre los que se encuentran el guitarrista y violonchelista Martin McCarrick, que pasaría por las filas de Siouxsie & The Banshees y el proyecto de Marc Almond llamado Marc and The Mambas.

Con este Spleen and Ideal DCD se sumerge por completo en la embriagadora mezcla de tradiciones musicales que definirían su sonido y estilo durante el resto de discos que van a recoger su producción.  Según el historiador de música australiano Ian McFarlane, el estilo de Dead Can Dance se puede describir como 

paisajes sonoros construidos de grandeza fascinante y solemne belleza; polirritmias africanas, folklore gaélico, canto gregoriano, mantras de Oriente Medio...

La identificación del grupo con una gama de sonidos vinculados con la Europa medieval comienza aquí, en este disco, en sus claras referencias místicas de las canciones, en sus títulos, las referencias al latín, los coros, todo contribuye a desarrollar una idea que está más allá de los conceptos limitados de álbum o grupo que están enclavados en la simple revitalización de la música antigua.  Es mucho más y eso lo han ido desarrollando a través de una discografía rica y variada que vamos a ir escuchando a lo largo de los especiales que les vamos a dedicar aquí, en Cíclope 3.0

Por hoy terminamos.  Espero que te guste el programa.


Enlace:

https://www.radio.tomares.es/blog/ciclope-30-07-09-21 




martes, 3 de agosto de 2021

Frederick William Rolfe, Barón Corvo



Frederick William Rolfe, Barón Corvo
 (1860-1913)

El autor que ocupa esta entrada del blog es uno de esos escritores prácticamente desconocidos para el lector medio español, uno de esos autores malditos que existe en la larga nómina de nombres olvidados de la Literatura y que merecen la pena recuperar.

Frederick William Rolfe nacía el 22 de julio de 1860 en Londres.  Hijo de un fabricante de pianos, estudió en Oscott, en St. Mary's College.  Con 15 años se hizo maestro ejerciendo brevemente en el Colegio de Grantham, en Lincolnshire.  Su caligrafía, delicada y colorida (utilizaba tintas de diferentes tonalidades) más una capacidad aguda y sutil para construir textos de prosa extravagante y laberíntica, comenzó a forjarse cuando contaba 20 años de edad.

En su vida personal ocurrió un hecho fundamental: su conversión al catolicismo en 1886 cuando contaba 26 años.  Esto supuso el punto de fuga de la vocación que le acompañó durante toda su vida, el sacerdocio, vocación que resultó frustrada y que nunca llegó a realizarse.  En 1887 ingresó en el seminario de Santa María de Oscott y en 1889 estudió en el Scots College de Roma, instituciones de las que fue expulsado por su comportamiento errático motivado por la insolvencia a la hora de pagar el importe de las clases: vivía con un ritmo de vida por encima de sus posibilidades.  

Por aquella época, las últimas décadas del siglo XIX, Rolfe entró en contacto con el círculo de amistades de la duquesa Sforza Cesarini, una inglesa de nombre Caroline Shirley, nacida en 1818 y fallecida en 1897, que se casó con un aristócrata italiano a la edad de 18 años.  En 1890 conoció a Rolfe del que se compadeció al saber de sus cuitas académicas.  Lo adoptó como nieto y le concedió el título de Barón Corvo, convirtiéndose desde ese momento en el pseudónimo más utilizado por el autor.  El alias más usado, porque tuvo otros:

  • Rose (o Rolfe) - como clérigo tonsurado
  • Rey Clement (o Barón Corvo) - cuando escribía, pintaba y hacía fotografías
  • Austin White - como diseñador de decoraciones
  • Francis Engle - como periodista
  • Frank English
  • Frederick Austin
En ocasiones rubricaba sus obras con su nombre auténtico, firmando como Fr. Rolfe, cosa que inducía a pensar que la abreviación Fr. quería indicar su condición de clérigo (Fr. igual a Father) pero en realidad tan sólo jugaba con la ambigüedad porque no llegó nunca a ordenarse sacerdote aunque para él era la meta de su vida.  Tan solo era parte de su impostura, aunque llevara la coronilla de su cabeza tonsurada.

A la literatura dedicaría su vida, después de buscar vías de expresión a través de la fotografía y de la pintura.  Cuando comenzó su relación de protegido de la duquesa Sforza Cesarini y pasaba sus días en Roma conoció los trabajos de dos fotógrafos que influirían profundamente en su forma de entender el arte fotográfico: el barón Wilhelm von Gloeden (1856-1931) fotógrafo alemán que desarrolló su carrera principalmente en Taormina, Italia, conocido por sus estudios de desnudos de jóvenes sicilianos que aparecen generalmente con poses muy cuidadas, en marcos de referencias clásicas; la otra figura del arte fotográfico que le influyó fue Wilhelm Plüschow, alemán emigrado a Italia que italianizó su nombre en Guglielmo Plüschow (1852-1930).  Alcanzó fama con sus fotografías de desnudos de jóvenes italianos, pedrominantemente muchachos, aunque también fotografió a mujeres jóvenes.  

El seminario en el que estudiaba Rolfe en Roma, el Scots College, estaba en la calle Sardegna, muy cerca de Vía Veneto.  En dicha calle, Plüschow tenía su estudio de fotografía y cuando Rolfe fue expulsado del seminario comenzó a frecuentar el domicilio del fotógrafo cuya obra le impresionó tanto como para seguirle fielmente.  Aunque Plüschow fotografiaba mujeres el tema central de sus instantáneas era el desnudo masculino, muchachos jóvenes italianos que aparecían en poses de carácter clásico griego y romano.  Lo mismo ocurría con la obra del otro referente fotográfico, Gloeden.



Guglielmo Plüschow (1852-1930)


 

Fotografía original de 
Guglielmo Plüschow



Wilhem von Gloeden
 (1856-1931)




Foto original de Wilhem von Gloeden


Rolfe estuvo interesado en la fotografía toda su vida, pero en la práctica no pasó de ser una vía de expresión.  Se hizo amigo de un grupo de ragazzi locales de Genzano, con quienes exploró el campo local.  Desarrolló con cierta destreza técnicas de color y fotografías subacuáticas pero progresivamente fue perdiendo interés y los modelos que posaron para sus creaciones fotográficas se convirtieron en personajes de sus relatos y novelas.  


































Dos instantáneas realizadas por Rolfe, con modelos en posturas menos explícitas que las que retrataban sus admirados Plüschow y von Gloeden.  Sus trabajos fotográficos se recogieron en la obra The Photographs of Frederick Rolfe, Barón Corvo 1860-1913, de Donald Rosenthal, que se publicó en 2008 

Otra de las vías de expresión que utilizó fue la pintura que cultivó en la década de los 90 del siglo XIX.  Era habilidoso y realizó diferentes encargos con temática religiosa, además de diseñar la cubierta de varios de sus libros con dibujos y pinturas de su creación.
Italia fue un crisol de influencias para Rolfe, una fuente sin fin de inspiración.  Tuvo mucho que ver el amparo que le ofreció la duquesa Sforza Cesarini, Caroline Shirley.  Lo invitó a pasar el verano en el Palazzo Sforza Cesarini en Genzano di Roma, en las afueras de la capital, donde obtuvo una visión duradera de la historia y el carácter italianos.  
De vuelta a Inglaterra, Rolfe tenía tres aspectos de su vida absolutamente claros, trasparentes y diáfanos como la luz del día: su vocación frustrada de sacerdote, su vocación como escritor y su homosexualidad.  Su orientación sexual, explícita, no le dio problemas.  Lo tenía asumido y nunca provocó el más mínimo escándalo aunque, al final de su vida como ya veremos, adquirió ciertos tintes siniestros.
La duquesa Sforza Cesarini, durante la estancia de Rolfe en Italia, lo amparó económica y humanamente, pero cuando su protegido volvió a su país le retiró toda asignación y perdieron el contacto.  Comienza entonces una larguísima lista de penurias para el Barón Corvo que se verá en la tesitura de pedir dinero prestado a amigos para poder subsistir con la firme promesa de devolver los montantes debidos una vez recibiera los importes por derechos de autor.  Desgraciadamente dicha retribución por su labor como escritor nunca llegó a cubrir las deudas y siempre anduvo retrasado en sus pagos.  
La primera obra que publicó data de 1880, Tarciso, el muchacho martir de Roma en la Persecución Diocleciana.  Italia será el marco protagonista de sus primeras obras literarias, de Italia se llevaría en el corazón la memoria de aquellos muchachos que sirvieron como modelos en sus fotografías y a los que inmortalizaría en las narraciones que forman Las historias que Toto me contó (Stories Toto Told Me), de 1898, una colección de seis historias que posteriormente extendió a treinta y dos y que serían publicadas de nuevo con otro título, A su propia imagen (In His Own Image), de 1901.  Narra las excursiones que realizan a pie por la campiña italiana Don Friderico (alter-ego de Rolfe) junto a su acólito adolescente de 16 años Toto, que mientras caminan relata cuentos de santos que se comportan como dioses paganos.  Las historias están cargadas de superstición y de elementos católicos; los santos que aparecen son hedonistas, vengativos aunque no licenciosos y están totalmente cómodos con la desnudez, cosa diametralmente opuesta al ideal de santidad católica.
Este es el comienzo literario del Barón Corvo cuya producción traducida al español es mínima con respecto al total de las obras que dejó.  
La primera vez que se tuvo oportunidad de oír hablar del Barón Corvo en España fue en 1982 cuando la editorial Seix Barral publicó En busca del barón Corvo.  Un experimento biográfico, de A.J.A. Symons, con traducción de Jordi Beltrán.




Esta es una edición para amantes del coleccionismo porque la misma traducción de Jordi Beltrán vería la luz en el año 2005 en la editorial Libros del Asteroide, viendo una segunda edición después por el mismo sello en el año 2019.






Alphonse James Albert Symons (1900-1941) fue un escritor y bibliógrafo inglés.  Hijo de  inmigrantes judíos nacidos en Rusia, fue autodidacta y en su juventud ejerció de aprendiz de peletero.  Pero su pasión eran los libros y en 1922 fundó el Club de la Primera Edición para publicar ediciones limitadas y organizar exposiciones de manuscritos y libros raros.  En 1924 publicó una bibliografía de las primeras ediciones de las obras de Yeats.  Entre las biografías que dejó están Emin, gobernador de Equatoria, sobre la figura de Mehmet Emin Pasha, médico, aventurero, naturalista, explorador alemán y gobernador de la provincia egipcia de Ecuatoria, en la región del Alto Nilo; Biografía de Henry Morton Stanley, sobre la figura del famoso explorador británico y sus incursiones en la entonces misteriosa África Central en una de las cuales encontró al desaparecido David Livingstone.  Ninguna de las dos obras recaló con mucho brillo entre los lectores, sin embargo, cuando en 1934 publica En busca del barón Corvo. Un experimento biográfico su nombre adquiere ecos de importancia porque su obra más allá de una simple y mera biografía.  La narración de 
En busca del barón Corvo está estructurada como una investigación detectivesca: en vez de ser una sucesión cronológica de hechos que van trazando el camino desde el nacimiento hasta la muerte del autor investigado, lo que se va organizando son una serie de aspectos contados tanto por personas que le conocieron en vida, algunos incluso que llegaron a trabajar con él, y por las cartas que se cruzan en la investigación de Symons, relación epistolar de Rolfe con diferentes amigos y conocidos, algunos de los cuales vivían aun cuando el autor de la biografía estaba organizando el relato de los hechos.  A su vez, Symons entabla una correspondencia fluida con personas a las que les ha llegado la noticia de que se está gestando una biografía sobre la figura del barón Corvo y se ponen a disposición del responsable de dicho proyecto por si pueden aportar algo.  Testimonios que van a funcionar como esas pruebas inconexas en una investigación y que un día adquieren sentido y significado.   Todo ayuda a descubrir diferentes matices del perfil relacionados con el carácter de Rolfe.
El barón Corvo era, y es, un autor desconocido, uno de esos escritores raros por los que sentía especial predilección el autor de su biografía.  El mismo Symons, al comienzo de su obra sobre Rolfe, lo confiesa:
   Mi búsqueda de Corvo empezó accidentalmente una tarde del verano de 1925, hallándome en compañía de Christopher Millard.  Estábamos sentados en su pequeño jardín, holgazaneando y hablando de los libros que no alcanzan los elogios e influencia que se merecen.  Mencioné "Wylder's Hand", de Le Fanu, una obra maestra en lo que a la trama se refiere, y las "Fábulas Fantásticas", de Ambrose Bierce.  Tras una pausa, sin hacer ningún comentario sobre mis ejemplos, Millard me preguntó: -¿Has leído "Adriano VII"?  Le contesté que no y ante mi sorpresa ofreció prestarme un ejemplar.  Digo que ante mi sorpresa porque mi compañero prestaba sus libros en muy raras ocasiones y siempre de mala gana.

Symons dedicó gran parte de su energía a la buena vida.  En 1933, un año antes de escribir y publicar la obra sobre Frederick William Rolfe, fundó la Wine and Food Society, una organización que se dedicaba a establecer categorías entre las cocinas de los restaurantes y bodegas de Inglaterra y del resto de Europa.  Fallecía en 1941 de un tumor en el tronco del encéfalo.  Dejó varias obras sin acabar entre otras una esperada biografía de Oscar Wilde que quedó incompleta. 

No es necesario leer En busca del barón Corvo antes de leer al mismo barón Corvo pero sí aconsejable, puedo afirmar que imprescindible una vez se conozca su literatura, su producción narrativa extraordinariamente escasa en su traducción española.

Ahora es momento de centrarnos en la primera novela de Rolfe que vio la luz en nuestro país, la misma obra que conoció su biógrafo A.J.A. Symons, Adriano VII.






En 1988, la editorial Siruela a través de su colección EL OJO SIN PÁRPADO publicaba Adriano Séptimo, la novela más famosa de Rolfe, publicada a principios del siglo XX, en 1904.  Traducida por Ana Poljak apareció con el diseño de cubierta que hizo para su primera edición el mismo autor.
Las narraciones de Rolfe tienen como punto de fuga, habitualmente, un hecho de su vida, acontecimientos ocurridos que o bien sublima o bien somete a catarsis para asimilarlos, si es que podía.  Sus dos grandes referentes vocacionales fueron la literatura y el sacerdocio.  Este último, vocación frustrada porque no pudo ordenarse sacerdote al no acabar sus estudios en el seminario por motivos económicos como ya se ha dicho más arriba, le serviría para cargar de veneno las tintas coloreadas que utilizaba para escribir en sus cuadernos y redactar una historia que partía de la realidad para levantar todo un disparate de ficción: George Arthur Rose (especie de alter ego de Rolfe) un humilde inglés que vive en un suburbio londinense, es rechazado en sus pretensiones de ser ordenado sacerdote.  Un día recibe la visita de ciertos superiores del Estado Vaticano dispuestos a rehabilitarlo para que finalice sus estudios en el seminario y pueda ser ordenado sacerdote.  Sienten mucho lo ocurrido, etc, etc.  Pero lo que George Arthur Rose ignora son los intereses y las causas por las que se producen tanto esa visita como todo lo que significará la institucionalización de su voto como sacerdote, la rapidez con la que terminará sus estudios de sacerdocio y la ceremonia de ordenación.  Hechos tan ligeros como la labor del barbero que le cortó los pelos de la coronilla para hacerle la tonsura.  Sí, prisas, porque el Cónclave, reunido en la Capilla Sixtina, no consigue la fumata blanca.  Se mantiene la fumata negra.  No hay posibilidad de encontrar una figura que pueda adaptarse al papado, no se ponen de acuerdo.  Y sólo se les ocurre rescatar, del pasado inmediato, la figura de aquel estudiante llamado George Arthur Rose.  Y llegará a Papa con el nombre de Adriano, escogido porque Adriano IV fue el único Papa inglés y Adriano VI el último Papa no italiano (era de origen neerlandés).  Así que George Arthur Rose será el Papa Adriano VII, y se embarcará en un programa de reformas eclesiásticas y geopolíticas comenzando por vender todos los tesoros que posee el Vaticano para poder compartir las riquezas con los pobres, siguiendo literalmente las enseñanzas del Maestro.
Adriano Séptimo es, probablemente, la obra que mejor recoge ese espíritu vengativo incruento por parte de Frederick Rolfe: hace desfilar a todos los que, según él, le hicieron imposible acabar sus estudios en el seminario, desde profesores a directores, pasando por jefes de estudios.  Todos los personajes son reales y aparecerán con los nombres y apellidos debidamente cambiados para poder volcar sobre esas figuras toda la rabia y acidez de los comentarios del autor, dotado de una elocuencia extraordinaria para trenzar una prosa laberíntica que no lleva a la carcajada pero sí a la sonrisa cómplice.  El poeta y ensayista W.H. Auden estimaba más las cartas que escribió Rolfe que su obra de ficción.  Decía que el Barón Corvo
tenía todo el derecho a estar orgulloso de sus garras verbales...  Un gran vocabulario es esencial para el estilo insultante y, Rolfe, a base de estudio y constante práctica se convirtió en uno de los grandes maestros del vituperio

Italia ocupaba un rincón amplio en el corazón y el alma del Barón Corvo.  En su haber tiene uno de los mejores trabajos que se han realizado sobre los Borgia, Crónicas de la Casa de los Borgia (Chronicles of the House of Borgia) de 1901 e Italia estaría presente en un gran grueso de su producción.

En Inglaterra se sentía agobiado por su situación, además de incomprendido, menospreciado, siempre pidiendo, solicitando ayuda económica.  En el año 1907 vuelve a Italia en compañía del profesor y arqueólogo R.M. Dawkins.  Sería el principio del fin de su vida.  Seguiría dando sablazos a diestro y siniestro: escribía cartas despóticas a sus amigos ingleses, a sus editores en Inglaterra, exigiendo adelantos por los manuscritos que iba a enviar.  Agotó las posibilidades de continuar una relación mínimamente sana con el profesor Dawkins a quien desplumó concienzudamente hasta que se negó a seguir pagándole estancias en hoteles y comidas pantagruélicas regadas con vinos de primera. 

  De 1909 data El deseo y la búsqueda del todo (The Desire and Pursuit of the Whole) publicada años después en Londres, en 1934.  Venecia ocupada por turistas ingleses, excéntricos, diletantes, que pululan por las calles y canales de la ciudad.  Partiendo de una frase de El Banquete de Platón, la misma que él utilizó para bautizar su obra, en la novela el amor designa el deseo y la búsqueda del Todo.  Los protagonistas, Nicholas Crabbe (seudónimo del mismo Rolfe)  y Zildo, una muchacha andrógina que puede ser un muchacho, viven una historia de amor, columna vertebral de la narración.


Que la obra de Frederick Rolfe está mal tratada en España es un hecho, una realidad.  ¡Ojo!  Mal tratada significa que tan sólo hay dos obras suyas publicadas, no que esté mal traducido, todo lo contrario.  Tanto Adriano Séptimo reseñada más arriba como ésta, El deseo y la búsqueda del Todo, publicada por Valdemar en su colección Planeta Maldito en el mes de abril del año 2003, con traducción de Marta Pino Moreno, están magníficamente pasadas a nuestro idioma.

Es lo único que hay en español de la producción del Barón Corvo, de su narrativa de ficción porque también en el corpus de su producción se incluyen sus cartas, inéditas hasta el momento, la correspondencia que cruzó con otras personas relacionadas con el mundo de la cultura, cartas que muestran con claridad meridiana el perfil de nuestro hombre, de carácter particularmente difícil: sus trastornos psicológicos, su cuadro maniaco-depresivo, la paranoia que lo persiguió a lo largo de su vida, que motivó que algunos libros no vieran la luz sino después de haber fallecido.  Hubo proyectos de ediciones de obras que trabajó a medias con otras personas que se comprometían a aportar el capital necesario para que dicho libro viera la luz.  El apoyo se vería reflejado en la portada del libro donde los nombres de ambos aparecerían compartiendo autoría, cosa que para Rolfe significaba que, en el fondo, lo que querían era usurpar su figura y que el otro adquiriera la categoría de autor único.  O él mismo, Rolfe, era el que sugería que el nombre de su benefactor estuviera presente en la cubierta, para después desdecirse a través de cartas insultantes en las que rechazaba todo, ayuda y buenas intenciones.



El barón Corvo en una de las estancias en las que vivió en Venecia


Se relacionaría con el núcleo de ingleses que vivían en la ciudad de los canales.  Derrocharía el dinero que lograba por prestamos de amigos y lo gastaría, por ejemplo, en comprarse una góndola con la que recorría los canales realizando, a veces, actos altruistas transportando a personas necesitadas hasta el Hospital o a quien tenía que llegar a una cita para la que ya llegaba tarde.  Utilizaba las aguas de los canales como piscina: se desnudaba y se sumergía para nadar un rato.  En parte se asemejaba a Lord Byron que, cuando pasó un tiempo en Italia, al vivir unos meses en Venecia, cuando le invitaban a una cena y le ofrecían una góndola para que le recogiese, daba las gracias asegurando que llegaría por sus propios medios.  Sus propios medios no eran otra cosa que recorrer la distancia que le separaba desde su estancia hasta la casa o palacio al que tuviera que acudir, a nado.  Estudiaba los canales por los que tendría que discurrir y una vez planificado, su mayordomo caminaba por las aceras y puentes, siguiendo a su señor, guardando para él un albornoz y toda la ropa y accesorios indispensables para que se acicalara como era su costumbre inmediatamente antes de llegar a la cita concertada.  A Rolfe, tal vez, le hubiese gustado tener un ayuda de cámara como el que tuvo Byron, pero se contentaba con enredar los pies en las algas subacuáticas de los canales y en dormir al raso en su propia góndola, abrigándose con pieles de fieras africanas.
Podría haber terminado sus días como un excéntrico, una figura extravagante que no congeniaba muy bien con sus paisanos asentados en Venecia, un escritor inglés cuyo reconocimiento del arte literario que había cultivado se reconocería cuando ya no pudiese disfrutar del eco de los aplausos tardíos, pero en vez de eso, con su actitud al final de sus días, dio argumentos a sus detractores: comenzó a ejercer de proxeneta y a tejer una red de chaperos en Venecia para satisfacer el apetito perverso, la lascivia de ciertos turistas extranjeros que buscaban experiencias decadentes en la ciudad más lánguida por antonomasia.  Una tarde/noche, al volver a la pensión donde vivía, cayó desplomado ante su cama: era el 25 de octubre del año 1913, y el barón Corvo dejaba de existir con 53 años.  Nos queda su obra, brillante, una mirada colorista y lúdica, oblicua, sobre la Vida y mucho más.

miércoles, 28 de julio de 2021

Cíclope 3.0 - 27-07-21


Alphonse Mucha
- Verano

Cíclope 3.0 del martes 27 de julio del segundo año de la Pandemia.  Último programa de la temporada 2020/2021 porque el próximo mes de agosto el Cíclope se va de vacaciones veraniegas y volverá con la nueva temporada el 7 de septiembre.  Para la edición de hoy el Cíclope ha elaborado una PlayList con algunos de sus temas favoritos de esta temporada que comenzó en septiembre de 2020 y termina en julio de este año 2021.  No son todas las canciones que le gustan de todos esos programas, tan solo una muestra que comienza con el último trabajo de The Waterboys, Good Luck, Seeker.


Publicado el 21 de agosto de 2020, Mike Scott y compañía seguían con la estela que habían recuperado (sonido más eléctrico) en 1993 con la edición de Dream Harder.  Por supuesto habrá composiciones de perfil eminentemente folky, pero en líneas generales volvían a ejecutar esa Big Music que ejecutaban en sus comienzos.  La primera canción de esa PlayList del Cíclope es una dedicada a la figura del actor y director de Cine Dennis Hopper (1936-2010) bautizada con título homónimo e incluida en ese, por el momento, último trabajo de Waterboys.



The Waterboys
en 2020


Entre las novedades del año 2021 una referencia descubierta un año antes, un grupo irlandés con formación de quinteto, asentado en Dublín, que este año publicaban un segundo álbum que sigue las buenas formas presentadas en su primer disco editado en 2019.  Son Fontaines D.C., bautizados así, con la D.C., para diferenciarse de una banda norteamericana original de Los Ángeles llamada Fontaines.  Las dos siglas D.C. significan Ciudad de Dublín.  El nombre lo sacaron de la película El Padrino, de un personaje llamado Johnny Fontane, cantante y estrella de Cine y, además, ahijado de Vito Corleone.

El segundo álbum de Fontaines D.C. lleva por título A Hero's Death.



Fontaines D.C.
















Entre los Especiales de un solo programa, no los Especiales Discografía, hubo uno al que el Cíclope le tiene un cariño especial, valga la repetición de la palabra, fue el día 27 de abril, cerrando el mes, la edición de Cíclope 3.0 de ese martes estuvo dedicada íntegramente a la figura de Joe Strummer (1952-2002).


Lo que hizo con la banda The 101'ers antes de estar en la base de la accción de The Clash, por supuesto con The Clash, la música de entonces, la de después y uno de sus últimos proyectos, Joe Strummer & The Mescaleros.  Biografía sonora de una de las figuras más consecuentes de la Historia del Rock.  De su época con Los Mescaleros nos quedamos con un tema perteneciente al álbum póstumo Streetcore, la canción Coma Girl.



Joe Strummer & The Mescaleros

 



Un descubrimiento para el Cíclope durante esta temporada fue el trío británico The Virginmarys.


Tan solo guitarra bajo, batería y guitarra eléctrica y voz es lo que necesitan para montar Rock directo, claro, transparente y diáfano como la luz del día.  Empezaron en la segunda década de este siglo.  Sonaron por primera vez en Cíclope 3.0 el 23 de febrero de este año en curso.  Entonces escuchamos un par de temas de su EP del año 2010 titulado Cast the First Stone.  Hoy vuelven pero con una canción que no escuchamos la vez anterior, un tema de su álbum de 2019 Northern Sun Sessions del que es muy complicado entresacar un solo tema porque el disco es buenísimo.  Como muestra, este Look Out for My Brother, una estructura mezcla de grunge y punk para realizar una metáfora poderosa sobre la insatisfacción.



 
En la temporada 2020/2021, en el mes de noviembre, trajimos a una banda muy interesante de origen sueco, de la ciudad de Uppsala, llamada Jeniferever.  Cuarteto que se formó en 1996 que tiende a realizar un rock atmosférico como pudimos comprobar escuchando temas de sus álbumes Emitter, de 2019, y Spring Tides de 2009.  Recuperamos este disco para escuchar una canción diferente a la que se extrajo para aquella ocasión, está incluida en Spring Tides y se titula Ox-Eye.



 




























Australia, el país de los canguros y de las grandes extensiones y distancias, ha estado muy presente en esta temporada que cerramos con esta edición.  El 11 de mayo nos dedicamos a rescatar algunos nombres de bandas y músicos australianos un tanto olvidados como sucedía con este grupo: Porcelain Bus.


Porcelain Bus comenzaron en 1980 en Sydney, cuando tres músicos capitaneados por Rob McKiernan, guitarra, Ian James, vocalista y Paul Patrick, guitarra bajo, unieron sus ingenios para hacer música.  Faltaba un cuarto miembro, un batería, cargo que recaería sobre John Nolan.  Grabaron tres álbumes entre 1987 y 1990 uno de los cuales fue el que rescatamos, Talking to God, de 1988, y de las canciones que lo forman la que le da título al LP.



Cíclope 3.0 hoy enredando en la PlayList del Cíclope, que se va de vacaciones y mientras hace la maleta, escucha algunos temas de los que han sonado en esta temporada 2020/2021.  Un poco de calma con canciones como la que trae este hombre, Justin Phillips.

Es su nombre real porque el alias artístico que utiliza es Crywolf.  Con dicho pseudónimo firma álbumes que son el proyecto de un hombre sólo, multinstrumentista, original de Carolina del Norte, Estados Unidos.  Lleva activo desde el año 2013 haciendo música como la que recoge en su álbum Widow (Oblivion Pt. 1) con canciones como DRIP.




Crywolf - 
Widow (Oblivion Pt. 1)




En Cíclope 3.0 compartimos pasión por la banda de la foto a la izquierda: Mogwai.
El cuarteto escocés publicó el 19 de febrero un disco muy aprovechable, As the Love Continues.  Once composiciones mayoritariamente instrumentales pero con algunos temas cantados como el que incluye el Cíclope en su PlayList, Ritchie Sacramento.


Mogwai
- ASs the Love Continues - 2021


Una banda que ha pasado por el programa y que despertó interés en la audiencia fue ...And You Will Know Us by the Trail of Dead.




A pesar de lo siniestro de su nombre, ...Y nos conocerás por el rastro de los muertos, este proyecto fruto del cruce entre la furia punk y la ambición del rock progresivo, han sabido ganarse seguidores a nivel internacional.  Comenzaron en 1994, cuando Conrad Keely, en la foto superior el del plátano, y Jason Reece, segundo por la izquierda, se conocen en Hawai y se asientan en Olympia, Washington.  Ambos cantaban, tocaban la guitarra y la batería.  Se pasaron a Austin, Texas, de donde eran oriundos y allí amplían el esquema de la banda a quinteto, estableciéndose después de muchos cambios como cuarteto.  
Sobre el nombre de la banda dijeron en una entrevista que lo tomaron de un antiguo canto ritual maya que tiene un gran parecido con otro antiguo canto ritual egipcio.  
El 17 de enero de 2020, antes de la declaración de la pandemia de la COVID-19, publicaron el álbum X: The Godless Void and Other Stories, del que el Cíclope escoge un tema, Through the Sunlit Door.






Un descubrimiento muy interesante en los meses cercanos al verano fue el trío alemán The Notwist.



Los hermanos Markus y Micha Acher (centro y derecha de la foto), hijos de un multinstrumentista cuyo sueño era tocar en una banda de Dixieland con sus descendientes, son a su vez multinstrumentistas.  Su espectro musical es lo suficientemente amplio como para dedicarle un programa entero pero por ahora rescatamos un tema de su álbum Vertigo Days, publicado el 29 de enero de este año 2021.




Nos acercamos al final de la PlayList del Cíclope que ha preparado para escuchar mientras hace la maleta y salir de vacaciones.  

El 22 de junio el programa estuvo dedicado a lo que se conoce como Dark Jazz, Jazz Oscuro, y en el espacio sonaron formaciones tan interesantes como LAND.


LAND es un proyecto fundado por dos músicos británicos, Daniel Lea y Matthew Waters.  La formación de la banda es temporal, la nómina de músicos cambia dependiendo del trabajo que se pretende organizar alrededor de unas composiciones que, unidas, presentan un resultado que se puede catalogar de narrativa musical apocalíptica, negra, que apunta hacia un mundo habitado por los detectives de las primeras historias de Paul Auster, mundos urbanos nocturnos, iluminados con dislocaciones de neón...puede serTaxi Driver con su protagonista existencial deambulando sólo por la ciudad a altas horas de la noche.

Night Within fue el álbum de presentación de LAND, un disco aparecido en el año 2012, grabado en Islandia, en Reykjavik, con producción de Ben Frost, el músico australiano asentado en Norteamérica y miembro de los ruidosos Swans.  Nos sigue embaucando con sus cambios de ritmos un tema como Cold Desire.
Y el punto y final lo pone este grupo original de los Países Bajos, en concreto de la ciudad de Utrecht, y que responde al nombre de 
The Kilimanjaro Darkjazz Ensemble.




La idea partió de dos estudiantes de la Escuela de Arte de Utrecht que decidieron hacer música electrónica para ambientar películas mudas del Cine como Metrópolis o Nosferatu.  Era el año 2000 y el hasta entonces proyecto electrónico se modifica cuatro años más tarde, 2004, cuando se incorporan unos cinco miembros más ampliando considerablemente la paleta de instrumentos.  Cuatro álbumes entre 2006 y 2011.  Después se separaron para continuar como The Mount Fuji Doomjazz Corporation.  Hacen los mismo igual de bien, pero con otro nombre.  Como último tema de la PlayList del Cíclope una composición del álbum del año 2011 de The Kilimanjaro Darkjazz Ensemble titulado Desde el hueco de la escalera.




Espero que te guste el programa y que la PlayList del Cíclope te ayude a hacer la maleta para tus vacaciones.  Sé feliz y nos volvemos a encontrar con el Cíclope el martes día 7 de septiembre con el Especial Discografía de Dead Can Dance.  El blog Lágrimas de Valium continúa con otras historias este próximo mes de agosto.

Salud.


Enlace:

https://www.radio.tomares.es/blog/ciclope-27-07-21